El nobel de economía y el salario mínimo

Bayardo Tobar

Son contados los premios Nobel en economía que disputan, en mayor o menor medida, el mainstream del dogma neoclásico, aquel que establece al libre mercado por encima de todo y todos. A tal punto que se exista libertad para explotar a la clase trabajadora sin reparo alguno. En ese sentido, nombres como los de Amartya Sen, Joseph Stiglitz, Elionor Ostrom, Esther Duflo y Abhijit Banerjee[1] son parte de esta lista. No obstante, las investigaciones del último premio nobel rompen con un paradigma fundamentalista de la economía neoliberal: aumentar el salario mínimo genera desempleo. Nada más alejado de la evidencia empírica, según el economista David Card, galardonado con el nobel en 2021 junto a los economistas Joshua Angrist y Guido Imbens.

¿Qué dirán ahora las Cámaras Empresariales? Aquellas que en cada reunión con los representantes de los y las trabajadoras, con o sin pandemia, insisten en su anhelo insaciable de no solo no subir un solo centavo el salario mínimo, sino  disminuirlo. Situación que fue alcanzada con el advenimiento de la pandemia y un gobierno servil a los exclusivos intereses del lucro empresarial. A través de la Ley Humanitaria no solo lograron congelar el salario sino también reducirlo.[2] Además de los despidos que realizaron sin la respectiva indemnización.[3] En suma, fue un festín para el sector empresarial y una mesa vacía para la clase trabajadora, a la expectativa de lo que pueda ocurrir en este año 2021.

Y es que el festín continúa, los representantes empresariales copan las entrevistas, tratando de ideologizar a la propia clase trabajadora que debe y “merece” ganar menos. O que la reducción del salario y la eliminación de las indemnizaciones por despido darán empleo a ¡7 millones de ecuatorianos! Con afirmaciones como ésta y con comparaciones sin sentido y analogías insulsas tratarán de mantener el salario mínimo a la baja o congelado, como han realizado durante tres años consecutivos, con o sin pandemia.[4] Ante esto, la clase trabajadora tiene la obligación de echar mano de todas las herramientas disponibles y las del Nobel son dirimentes. La evidencia empírica lo señala claramente: si se sube el salario mínimo se aumenta el empleo. Esta constatación va a permitir confrontar las raquíticas respuestas de la burguesía rentista basadas en el lucro y la ganancia.  Como resume la reseña realizada por K. Llaneras:

los dos economistas (David Card y Alan Krueger) aprovecharon una ley de 1992 que lo elevó en Nueva Jersey de 4,25 a 5,05 dólares. Lo que hicieron fue recoger datos de 400 restaurantes de comida rápida en ese Estado y en la vecina Pensilvania, donde el salario mínimo se mantuvo constante, razonando que cualquier otro factor que afectase a una región influiría también en la otra. ¿Creció menos el empleo en Nueva Jersey que en Pensilvania al aprobarse la ley? Descubrieron que no, contradiciendo a muchos economistas.[5]

Específicamente en este estudio los autores encuentran que:

(…) las tiendas de Nueva Jersey eran inicialmente más pequeñas que sus homólogas de Pensilvania, pero crecieron en relación con las de Pensilvania tras la subida del salario mínimo. La ganancia relativa (la «diferencia en diferencias» de los cambios en el empleo) es de 2,76 empleados ETC (o el 13 por ciento), con un estadístico t de 2,03 (Card y Krueger, 1994 pág 778).

Por lo tanto, los representantes de la clase trabajadora con todas estas herramientas de antemano pueden generar un logro fundamental para el pueblo ecuatoriano y es aumentar el salario mínimo, mermado por cómo la pandemia fue politizada hacia el beneficio del capital. Esto sin descuidar que el aumento se diluya en la especulación de precios, generado por aquellos sectores empresariales concentradores que administran los precios y que, ante la evidencia mostrada, no dudarán en dar respuestas o ganar en otro campo esta batalla.

Bibliografía

Card, David , y Alan, Krueger, 1994, «Minimum Wages and Employment: A Case Study of the Fast-Food Industry in New Jersey and Pennsylvania.» American Economic Review 84(4): 772-793.


[1] El aporte de los y las autores en el mismo orden fueron: Sen con las capacidades y el desarrollo humano; Stiglitz por sus análisis de los mercados con información asimétrica; Ostrom por sus estudios sobre la gobernanza de los bienes comunes y; Duflo y Banerjee por sus investigaciones para palear la pobreza a nivel global.

[2] Art. 20.- De la reducción emergente de la jornada de trabajo.- Por eventos de fuerza mayor o caso fortuito debidamente justificados, el empleador podrá reducir la jornada laboral, hasta un máximo del 50%. El sueldo o salario del trabajador corresponderá, en proporción, a las horas efectivamente trabajadas, y no será menor al 55% de la fijada previo a la reducción; y el aporte a la seguridad social pagarse con base en la jornada reducida. El empleador deberá notificar a la autoridad de trabajo, indicando el período de aplicación de la jornada reducida y la nómina del personal a quienes aplicará la medida. Esta reducción podrá aplicarse hasta por un (1) año, renovable por el mismo periodo, por una sola vez.

[3] Ver: https://coyunturauceiie.org/2020/06/12/de-que-se-rie-el-titular-del-ministerio-del-no-trabajo-desempleo-y-pobreza-en-el-ecuador-2017-2019/

En 2020 más de 270 mil personas fueron desafiliadas del IESS por el sector empresarial. – UNIDAD DE ANÁLISIS Y ESTUDIOS DE COYUNTURA (coyunturauceiie.org)

[4] https://coyunturauceiie.org/2020/11/19/durante-tercer-ano-consecutivo-sector-empresarial-quiere-congelar-el-salario-basico-unificado/

[5] https://elpais.com/politica/2021/10/14/actualidad/1634222568_419481.html

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