El trabajo y la reproducción social

Jonathan Báez Valencia

Durante su estancia en Francia, alrededor de 1844 -después de su salida obligada de Alemania- Marx redactó una serie de escritos conocidos como los “Manuscritos Económico y Filosóficos” en los que configuró los inicios de su andamiaje teórico-conceptual, que será la base para su posterior análisis de la realidad social, concretado en la redacción del primer tomo de El Capital[1]. Estos manuscritos pueden ser considerados como el primer intento de entender el desarrollo de la sociedad capitalista, a parir de una crítica[2] a la disciplina que legitimaba el orden burgués en aquella época, la economía política.

Además, no es hasta su traslado a Francia que Marx se encuentra con el proletariado, ese nuevo sujeto histórico que emerge a partir de la revolución industrial, situación que influenciará el pensamiento de este autor, pensamiento a su vez fuertemente influenciado -en esa época- por la corriente conocida como la Filosofía Clásica Alemana[3] (aunque apropiado por él críticamente). Es en este contexto que se elaboran los Manuscritos Económicos Filosóficos de 1844, que contienen entre otros temas, las concepciones de trabajo y reproducción social en Marx, conceptos que serán retomados continuamente en su obra, en especial El Capital.

La concepción de trabajo en El Capital se esboza en la sección en que Marx diferencia a la mejor abeja del peor obrero, es decir, el animal del humano, e identifica que los animales solo transforman la materia, en cambio, el humano no solo la cambia “al consumarse el proceso de trabajo surge un resultado que antes del comienzo de aquél, ya existía en la imaginación del obrero, o sea idealmente. El obrero (…) al mismo tiempo, efectiviza su propio objetivo” (Marx 1975, 216). A esto se le debe agregar que:

Como creador de valores de uso, como trabajo útil, pues, el trabajo es, independientemente de todas las formaciones sociales, condición de la existencia humana, necesidad natural y eterna de mediar el metabolismo que se da entre el hombre y la naturaleza, y, por consiguiente, de mediar la vida humana (Marx 1975, 53).

Por lo tanto para Marx, el trabajo es la actividad vital de los seres humanos, la misma realización de su vida, lo que define su humanidad, por consiguiente, la reproducción de la sociedad en su conjunto. Concepción del trabajo contenida en El Capital que se encuentra esbozada en los Manuscritos, pues menciona que: “El trabajo no sólo produce mercancías; se produce también a sí mismo y al obrero como mercancía” (Marx 2001, 56), es decir, reproduce el conjunto de la sociedad. Sin embargo, con el imperativo de la propiedad privada, fundamento de la sociedad capitalista, el trabajo deja de ser trabajo para transformarse en trabajo alienado o enajenado, en otras palabras, aquel trabajo útil pasa a subordinarse a otra función de trabajo, a aquella que solo interesa en tanto creadora de valor, en otras palabras, se cambia el proceso de trabajo por el proceso de valorización, subordinándose el primero al segundo; el carácter bifacético del trabajo se hace presente, el trabajo concreto y el trabajo abstracto, el primero creador de valores de uso y el segundo de valores de cambio, de valorización de capital.

En este punto, es posible mencionar que si el trabajo implica la humanización de las personas y, por lo tanto, la reproducción de la sociedad en su conjunto, su sociabilidad, el trabajo enajenado implica la deshumanización de las personas y, por consiguiente, ya no la reproducción de la sociedad, sino la reproducción del mundo de las mercancías. Este proceso de fundamenta en el trabajo asalariado, es decir, el trabajo deja de ser la realización de la vida de las personas para convertirse en un medio para la satisfacción de las necesidades vitales, el trabajo se transforma en una mercancía; esto ocurre así, dado que el trabajo asalariado se fundamenta en la separación de las personas de sus medios de producción y reproducción, apropiados por una clase social que, basados en el principio de propiedad privada, obligan a los desposeídos a vender su fuerza de trabajo para poder sobrevivir, en consecuencia, el trabajo no se percibe ya como la actividad creadora y responsable de la sociabilidad humana, en consecuencia la reproducción de la sociedad, se percibe como deshumanización, en tanto el trabajo alienado se convierte en una tortura[4] para la clase social desposeída, la clase obrera.


[1] Publicado en 1867.

[2] Crítica no en el sentido convencional contemporáneo de la palabra, entendido como aversión a algo o alguien, sino crítica entendida como el análisis de las condiciones de posibilidad, es decir, indagar en las estructuras inherentes a las formas de apropiación material y espiritual de la realidad social.   

[3] Clásicamente se considera que “la filosofía clásica alemana, la economía clásica inglesa y la literatura y la práctica política francesas” (Gramsci 1971, 97) son las principales corrientes de pensamiento que influenciarán el pensamiento de Marx.

[4] La palabra “trabajo” se deriva de tripalium, que indica tortura; no es hasta el siglo XVI que esta palabra desplaza y reemplaza a los términos obrar o laborar, indicando de cierta manera el carácter alienado de la actividad humana.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s