En las sombras: Investigando a la élite económica en América Latina

Jonathan Báez Valencia

La “ausencia de información” para estudiar a las élites económicas empresariales en América Latina no es una simple coincidencia, en la construcción de la opacidad estos agentes pueden desarrollar sin ningún límite la configuración de una sociedad desigualdad. Lo que supone un objeto de investigación aún por analizarse en las ciencias sociales en la región, por lo se compara esta situación con otros países.

El realizar análisis sobre los millonarios, ricos y súper ricos o élite económica como ellos prefieren ser llamados (según un testimonio registrado en el análisis de Denord, Lagneau-Ymonet, y Thine sobre el campo de poder en Francia, publicado en 2011) es fundamental para comprender los mecanismos a partir de los cuáles se reproducen las desigualdades como indicaría el sociólogo Tilly en su libro “La desigualdad persistente” publicado en 2000. En efecto, existe una serie de acaparamientos, de beneficios, de privilegios, etc. históricamente acumulados que son “eficientes” para mantenerse en la cúspide y desplazando al resto de la población. Desde situaciones tan básicas como saber cuánto es la brecha promedio de ingresos entre la élite y los trabajadores promedio. Por ejemplo, la High Pay Commission en Reino Unido “(…) documentó un aumento explosivo en las compensaciones y salarios para ejecutivos y miembros de directorios de empresas en las décadas de 1990 y 2000 (…) el cociente de compensación (…) aumentó de 38 a 113 en los años 2009-2011” según el economista Solimano.

Dicha obtención de conocimiento en América Latina ha sido una tarea más que monumental y, en no pocos casos, casi imposible; aunque con variaciones entre países. Así, si esta información que se alcanzaría a obtener con los registros tributarios (fuente más cercana a la realidad que una encuesta, pero con límites por temas de evasión y elusión tributaria como el uso de paraísos fiscales) no es accesible, ni que hablar de investigaciones que caractericen a los ricos con variables como edad, género, educación, prácticas culturales, orígenes sociales, etc. Por lo tanto, esto provoca que la investigación en América Latina sobre la élite económica derive en la construcción de ensayos y no en la recopilación de evidencia empírica.

Lo que no solo se limita a la información cuantitativa, ya que la cualitativa implica que se tiene “entrada” para realizar una etnografía como la que realizan Khan y Jerolmack (2013) en un colegio de élite de Estados Unidos porque Khan estudió allí. Por lo general quién estudia las élites no pertenece a ellas. En fin, se trata de la complicación para observar el comportamiento de la élite económica. Desde esa perspectiva la justificación es que no existe la información, por consiguiente, no se puede construir el objeto de investigación y las élites continúan siendo una caja negra de la que poco o nada se sabe, como aquella película de Yuzna (1989) Alta Sociedad que describe a estos agentes como seres extraños, con rituales desconocidos, incluso no humanos.

No obstante, la duda que resalta en este sentido es si ¿Esta ausencia de información en realidad contiene un entramado que caracteriza a las élites económicas en América Latina y les es funcional? Es en sí mismo un objeto de investigación comprender ¿Cómo la élite económica se ha valido de la Política Pública para ocultar su información? Eso implica que ¿En nuestra región nos encontramos en la construcción de un Estado de la desinformación?  Para acercarnos a estas cuestiones sin pretender responderlas, exploraremos dos apartados. El primero sobre las fuentes de información para el estudio de las élites económicas en otros países en clave comparativa a partir de investigaciones puntuales. En el segundo nos detendremos en el específico caso del tema tributario.  

Las fuentes de información en el estudio de las élites

Es muy amplia la trayectoria sobre los autores clásicos en análisis sobre élites, lo que es poco recurrente es el análisis empírico que dio lugar a la construcción de sus marcanos analíticos. De tal manera que entre ellos se encuentran Wright Mills con su célebre libro “La élite del poder” publicado originalmente en 1956 en el que aborda esta temática, sin embargo, lo que es menos conocido es su artículo “The American Business Elite: A Collective Portrait” de 1945 en el que analiza la información que contiene el Diccionario de las Biografías Americanas con “1 464 biografías de eminentes personas de negocios” y “donde aparece la histórica élite de Estados Unidos. Lo propio ocurre con Bourdieu que antes del libro “La distinción: Criterios y bases sociales del Gusto” publicado en 1979 nos hacía reflexionar ya en 1976 sobre esta problemática en un artículo denominado “Anatomía Social del gusto” escrito junto a Monique de Saint-Martin en el que se realizó el análisis de una encuesta realizada entre 1963 y 1967/68 a una muestra de 1217 personas en lo que serían sus primeros inicios en la construcción de los Análisis de Correspondencias Múltiples.

A partir de estos pioneros trabajos se realizaron otros que buscaban estas fuentes de información como acercamiento a las élites y, por lo menos en Estados Unidos surge el Who is Who parecido a la fuente utilizada por Mills. Y existen similares alrededor del mundo. Por ejemplo, como describe Larsen para analizar la élite en Dinamarca utilizó el Kraks Blå Bog, el equivalente al antes mencionado. En fin, se trata de la existencia de información sobre la élite en los países. Una situación que de ninguna manera se repite en América Latina, salvo contingencias históricas y que varían de país a país así como a las necesidades de investigación.

En Ecuador por ejemplo, existía la “Guía Nacional Agrícola” insumo fundamental para que escribiera su obra “Los oligarcas del cacao: ensayo sobre la acumulación originaria en el Ecuador: hacendados cacaoteros, banqueros, exportadores y comerciantes en Guayaquil (1890)” publicada en 1980 y que daba cuenta de cómo en eso momento la élite se mostraba para obtener la legitimación. Una situación que no se ha repetido en los últimos tiempos. Sin duda útil pero limitada en materia de prácticas culturales. Desde esa perspectiva y, de manera más contemporánea, destaca el estudio de Castellani (2016) sobre la élite argentina en la que se identifican a los agentes que ocupan posiciones dirigenciales empresariales y se reconstruye su trayectoria en distintas variables de interés sociológico.

Lo que resulta importante de esta recopilación es observar cómo se encuentra la existencia de información disponible sobre estos agentes y cómo en territorios distintos a los de América Latina, existían condiciones e instituciones que, bajo la forma de construcción del acceso a información, permitían acercamientos sumamente interesantes de años anteriores y que ahora en la región parece que se están abriendo. En efecto, eso hace que el objeto de investigación sobre la información disponible cobre fuerza. Por lo que, de nuevo al caso de Ecuador, esta posibilidad se abre a partir de la publicación tributaria de los socios accionistas de Grupos Económicos, con el interés de conocer sus prácticas en materia económica y de hacer visible a estos agentes, por lo que la temática de tributos abre un campo de interés del Estado por mostrar esta información para desarrollar política pública alrededor de la temática de la evasión y elusión utilizando paraísos fiscales y, al mismo tiempo, entrar en el campo de los distintos tipos de mediciones sobre la desigualdad, apartado que será observado a continuación.

La política tributaria como fuente de información de la élite

El trabajo de Piketty sobre el Capital del siglo 21 publicado en 2013 sin duda alguna abrió la posibilidad de nuevas mediciones alrededor de las desigualdades. Su contribución más original es que se utiliza como fuente de información a los registros administrativos tributarios, mismos que matizan el sesgo de una encuesta que en pocas ocasiones va a tomar la información de un rico al no ser incluido en la muestra porque su representación es cercana al 0,01% del total de una población y, por otro lado, también permite un acercamiento al nivel de ingresos y riqueza mayor que el observado una declaración en una encuesta. Situación que, desde luego, no está exenta de limitaciones también debido a la evasión y elusión tributaria. Un proceso que tendencialmente es realizado por agentes con enormes recursos para llevar a cabo estas operaciones (los Panamá Papers aún están en la retina de la población mundial). En efecto, si bien en su cometido Piketty toma en cuenta a algunos países de América Latina, son pocos debido a que la existencia de la información tributaria en estos no existe o es muy deficiente.

En efecto, la cuestión que surge es ¿Cómo se dio la construcción de esta ausencia de información sobre las élites y sus actividades económicas en materia tributaria? Inmediatamente eso conlleva a preguntarse sobre el entramado de relaciones entre estas élites y el Estado. Es decir, “identificar el nudo antes desatarlo” como diría Mariana Heredia, especialista en el tema de élites. De lo que se trata es de construir un objeto de investigación que trascienda de la falta de información hacia la reconstrucción de cómo se produce esa ausencia, los actores, las instituciones. Por ejemplo, autores como Atkinson (2006) indican que a una elite económica la componen: “aquellos individuos cuya riqueza es 30 veces el ingreso promedio por persona (PIB per cápita)” (Solimano 2015, 47) ¿Cómo realizar esta estimación en nuestros países si no se sabe cuánto es la riqueza de las élites? Desde esa perspectiva, la experiencia ecuatoriana es un caso de análisis interesante con la publicación de los informes de los socios-accionistas de Grupos Económicos (entendidos como un grupo de personas, familiares tendencialmente, que tienen un grupo de empresas).

En el año 2007 con la llegada de gobierno encabezado por Correa se decide “descorporativizar el Estado” lo que implicó quitar a representantes de gremios de las instituciones, incluyendo a los empresarios. Así, el Servicio de Rentas Internas encargado de la temática tributaria no fue la excepción. De tal manera que una de las primeras acciones fue la publicación de la base de datos sobre Grupos Económicos, incluyendo sus propietarios. Eso permitió estimar que si en el año 2016 el PIB per cápita mensual de Ecuador fue de USD 4 572 y la riqueza (activos) de los accionistas de los GE alcanzó en promedio los USD 121 millones. Por lo tanto estas personas pueden ser caracterizadas como una élite económica desde la perspectiva de Atkinson. De igual forma dio lugar a saber que las élites económicas empresariales ecuatorianas obtuvieron ingresos mensuales -promedio- superiores a 154 veces un salario básico unificado y 167 veces un promedio mensual del ingreso laboral. Entre estas variables también se encuentra información sobre la tenencia de sociedades en paraísos fiscales, explicados magistralmente en la película La lavandería de Soderberg estrenada en 2019.

Conclusión

Como se observa, la opacidad es un instrumento utilizado por las élites contemporáneamente para mantener sus privilegios y, por tanto, la reproducción de las desigualdades. El análisis de este proceso es un territorio inexplorado por cientistas sociales y que puede ser un eje a ser considerado en los trabajos de captura corporativa del Estado o como parte de las puertas giratorias, mecanismo predilecto por las élites para mantenerse en su posición.

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