El modelo económico de “libre mercado” se agotó

Isaias Campaña C.

La tecnología factor clave del desarrollo económico

La primera revolución industrial surgió en Inglaterra en el Siglo VIII y duró entre 1760-1830 que correspondió a la transformación del trabajo manual al trabajo mecanizado, implantado en base a máquinas de vapor.

La segunda revolución industrial se inició en la segunda mitad del Siglo XIX y se prolongó desde 1860 hasta 1950, con el surgimiento de la electricidad que permitió la manufactura en masa. Se producían máquinas para crear nuevas máquinas-herramientas.

La tercera revolución industrial emergió a mediados del Siglo XX, con la llegada de las computadoras, el internet, el software, los dispositivos móviles y la robótica.

En los últimos años está emergiendo la cuarta revolución industrial, llamada también “Industria 4.0”, caracterizada por la automatización de los procesos productivos en países de economías avanzadas y emergentes.

Un factor clave de la producción moderna de bienes y servicios es la tecnología. Bajo esta premisa, países de economías avanzadas como Estados Unidos, Alemania, Reino Unido, China, Japón y determinados países del sudeste asiático, tanto el sector público como el privado, destinan ingentes recursos económicos a investigación y desarrollo.

Las políticas e inversiones realizadas han provocado el imparable desarrollo de la ciencia y la tecnología que se expresa en innovaciones de la robótica, inteligencia artificial, neurotecnología, nanotecnología, ingeniería genética, tecnología 5G, nuevos materiales y fuentes de energía.

A pesar del impacto despiadado de la pandemia del coronavirus en la economía y en la generalidad de las empresas a nivel mundial como aerolíneas, cadenas hoteleras, cruceros, las gigantes compañías tecnológicas consiguieron expandir sus ingresos y ganancias. Únicamente entre mediados de marzo y mayo de 2020, los 25 supermillonarios del mundo incrementaron su patrimonio en 250.000 millones de euros (La Vanguardia, 2020).

Según el ranking de Forbes 2020, elaborado en base a empresas que están en la cima, registran crecimiento y quienes han tenido mejores días en el pasado, la compañía estadounidense Appel, que produce celulares y computadoras, obtiene ventas por 267.700 millones y ganancias equivalentes a USD 57.200 millones, se ubica en el noveno puesto en el ranking de las 2.000 corporaciones más grandes del mundo (Forbes, 2020).

La empresa Microsoft, multinacional de software, genera ventas por 138.600 millones y ganancias superiores a USD 46.000 millones, ocupa la décima tercera posición. Su cofundador y principal accionista, Bill Gates, se ubica en el tercer lugar entre los más ricos del mundo con una fortuna de USD 118.600 millones, mayor que el PIB de Ecuador (Lista de multimillonarios en tiempo real, Forbes 2020).

La empresa de comercio electrónico Amazon obtiene 296.300 millones en ventas y USD 10.600 millones en ganancias, vigésima segunda en el ranking. Su fundador, Jeff Bezos, es el más rico del mundo, cuya fortuna llega a USD 182.400 millones (Ibídem). Además, es accionista mayoritario del diario de Washington Post y de la compañía aeroespacial Blue Origin, entre otras.

La multinacional china de comercio electrónico Alibaba realiza ventas que superan los 70.000 millones y ganancias por USD 24.700 millones, trigésima primera en el ranking. Su cofundador y principal accionista, Jack Ma, tiene una fortuna de USD 60.800 millones, décimo octavo entre los más ricos del mundo.

La compañía norteamericana Facebook registra ventas por 70.400 millones y USD 21.000 millones en ganancias, se ubica en la trigésima novena posición. Mark Zuckerberg, cofundador y principal accionista de la mayor red social del mundo, tiene un patrimonio de USD 99.900 millones, quinto entre los más ricos del planeta (Ibídem).

La empresa Tesla, que produce vehículos eléctricos, registra ventas por 26.000 millones y ganancias equivalentes a USD 144,3 millones. Su fundador y principal accionista, Elon Musk, también es propietario de la empresa aeroespacial SpaceX. Hace pocas semanas envió junto con la NASA a cuatro astronautas a la Estación Espacial Internacional a bordo del SpaceX Crew Dragon Resilience. El patrimonio de Musk asciende a USD 105.400 millones, es la tercera persona más rica del mundo.

El Econ. Klaus Schwab, director ejecutivo del Foro Económico Mundial, autor del libro “La cuarta revolución industrial” afirma que “Estamos al borde de una revolución tecnológica que modificará fundamentalmente la forma en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos. En su escala, alcance y complejidad, la transformación será distinta a cualquier cosa que el género humano haya experimentado antes” (BBC Mundo, 2016).

La cuarta revolución industrial tiene como finalidad la automatización de la manufactura para llevar a la producción a una total independencia de la mano de obra humana, en base a sistemas ciberfísicos, que combinan maquinaria física y tangible con procesos digitales, son capaces de tomar decisiones descentralizadas y de cooperar mediante el internet de las cosas. La nueva empresa será una “fábrica inteligente” (Ibídem).

Los pilares claves de la “fábrica inteligente”, que corresponde a la cuarta revolución industrial, son el internet de las cosas, el Big data en la nube, los robots autónomos, la realidad aumentada, la simulación, integración de sistema y la seguridad cibernética.

La “Industria 4.0” se caracteriza por la intervención de tecnologías avanzadas como la robótica que conjuntamente con el software especializado consigue la automatización de los procesos productivos, la eficiencia y la flexibilidad. La producción se realiza en función de las demandas del cliente en tiempo real con productos cada vez más personalizados.  La tecnología como el Big data permite que la “empresa inteligente” sea capaz de predecir los hábitos del cliente y en qué momento va a comprar (Ticnegocios, 2020).

La inteligencia artificial se aplica en sistemas que tienen que ser capaces de procesar y aprender del gran volumen de datos que reciben y poder actuar de forma autónoma. En función de ello desarrollan sistemas basados en redes neuronales y algoritmos de aprendizaje automático que en base al Big data y aprenden a tomar decisiones.

Los procesos de automatización de la producción se realizan en forma acelerada en los diversos sectores del aparato productivo como en la manufacturera, agricultura, transporte, salud, seguridad pública, entre otros. En el sector agrícola se está usando tractores y cosechadoras que se guían por GPS. También se está utilizando robots autónomos que son capaces de arar la tierra y plantar semillas con una precisión milimétrica.

En el sector manufacturero se está empleando robots para realizar tareas repetitivas, monótonas e intrincadas. En el sector automotriz, empresas como Mazda Motor, Mitsubishi Motor, las filiales de Volkswagen Audi y Porsche, BMW AG, Tesla, entre otras, lideran la automatización de los procesos productivos.

En la seguridad pública se está utilizando drones no tripulados para operaciones de vigilancia y apoyo en el campo de batalla. Los aviones teledirigidos militares que sobrevuelan zonas de guerra y conflicto, en situaciones de desastres naturales o provocados por el hombre, son capaces de evaluar los niveles de peligro y proporcionar información en tiempo real (Avansis, 2020).

El avance en la automatización de la producción de bienes y servicios seguramente va a eliminar decenas de millones de empleos que serán reemplazados por robots a nivel mundial y, por tanto, se profundizará la desigualdad social, es decir, se registrará una mayor concentración de la riqueza, por una parte, y aumentarán los niveles de desempleo y pobreza, por otra. Además, se va a ensanchar la brecha entre los países de economías avanzadas y los estados en desarrollo.

El modelo económico de “libre mercado” no da más

Ecuador no ha tenido una política de estado orientada a fomentar las actividades de investigación y desarrollo que incentiven la productividad, eficiencia y calidad de los procesos productivos, por lo que se encuentra completamente rezagado con relación a las nuevas tecnologías que se están utilizando en economías avanzadas.

En el contexto de América Latina, los gastos en investigación y desarrollo (I+D) de Ecuador, tanto del sector público como del sector privado, se ubican entre los más bajos. En 2014, que es el último dato disponible de Ecuador, el gasto en I+D fue de USD 450 millones (USD 28,1 por habitante), mientras que, en 2018, Costa Rica destinó 231 millones (USD 46,3 por habitante), Uruguay 249 millones (USD 71,4 por habitante), Cuba con todas sus penurias económicas alcanzó 537 millones (USD 47,9 por habitante), entre otros (RICYT, 2020).

En 2018, Ecuador registró un total de 10 patentes, 2 de residentes y 8 de no residentes. En el mismo año, al compararse con países territorialmente más pequeños que Ecuador, Costa Rica alcanzó 235 patentes, 12 de residentes y 223 de no residentes. Uruguay obtuvo 130 patentes, 23 de residentes y 107 de no residentes. Cuba alcanzó 93 patentes, 8 de residentes y 85 de no residentes.

El coeficiente de invención, que se obtiene al relacionar entre patentes solicitadas por residentes y la población del país, Ecuador registró un coeficiente de 0,20, frente a Uruguay que obtuvo 1,86, Costa Rica 0,68 y Cuba 0,25 (Ibídem).

Tradicionalmente las élites empresariales nacionales no han considerado a la tecnología como un factor de productividad y de competitividad. Por el contrario, en los últimos años, reiteradamente han afirmado que el alto costo de la mano de obra les ha hecho perder competitividad, como consecuencia una de sus banderas de lucha ha sido la reducción de los salarios (Campaña, 2019).

Los gremios empresariales promovieron el modelo de “libre mercado” que se originó en la doctrina tradicional que predicaba el laissez-faire, laissez passer (dejar hacer, dejar pasar, que el mundo va solo). Los devotos de las políticas liberales consideran que el sector privado constituye en el “motor de la economía”, por tanto, se debe reducir a su mínima expresión el peso del Estado en las actividades económicas.

El aparato productivo del país incluye los sectores primario, secundario y terciario de la economía que generan bienes y servicios, cuyo valor, en términos corrientes, subió de 46.802 millones en 2006 a USD 107.436 millones en 2019. Sin embargo, en valores constantes de 2007, en el mismo periodo, pasó de 49.914 millones a USD 71.909 millones. En este lapso de tiempo, registró una modesta tasa de crecimiento de 3,0% como promedio anual, una de las tasas más bajas de América Latina (BCE, 2020).  

Al dividir el PIB por el tamaño de la población, se obtiene el PIB per cápita. A partir de 2014, el PIB per cápita, en valores constantes de 2007, registró una sistemática caída derivado del mayor crecimiento de la población con relación a la evolución del PIB. En 2014, el PIB per cápita alcanzó 4.374, luego en 2019 descendió a 4.164 y, en un escenario medio, se estima que en 2020 podría descender a USD 3.772 (Ibídem).

El valor de la producción del sector primario de la economía que comprende agricultura, ganadería, petróleo, minas, en valores corrientes, pasó de 9.720 millones en 2006 a USD 15.699 millones en 2019. En este periodo, su contribución a la generación del PIB registró una contracción significativa de 20,7 a 15,7%, respectivamente.

Dentro del sector primario, desde que empezó el desplome de los precios del petróleo en los mercados internacionales, 2015, la agricultura y la ganadería generan los mayores valores de la producción.

El valor de la producción del sector secundario que abarca manufactura, construcción, suministro de electricidad y agua, entre 2006 y 2019, en valores corrientes, subió de 10.541 millones a USD 28.633 millones. Su participación en la generación del PIB aumentó modestamente de 22,5 a 28,6%, en su orden (Ibídem).

En el sector secundario, los componentes más importantes por sus valores de producción fueron la manufactura y la construcción, sectores que emplean gran cantidad de mano de obra, tanto calificada y como no calificada.

El valor de la producción del sector terciario que incluye comercio, transporte, actividades financieras, alojamiento, comunicaciones, actividades profesionales, aumentó de 26.539 millones en 2006 a USD 55.709 millones en 2019. En este lapso de tiempo, su contribución al PIB se contrajo levemente de 56,7 a 55,7%, respectivamente.

En el sector terciario, el comercio, la enseñanza y los servicios sociales y de salud, así como las actividades profesionales, técnicas y administrativas son los que generan los mayores valores.

Las élites empresariales reiteradamente han tratado de justificar que no pueden desarrollar economías de escala porque el tamaño del mercado nacional es pequeño. Sin embargo, en diversas regiones del mundo, varios países registran superficies territoriales y tamaños de la población menores que los de Ecuador y han planificado sus producciones de bienes y servicios para los mercados mundiales.

Las exportaciones de Ecuador se han caracterizado por ventas de productos primarios, básicamente petróleo, camarón, banano, flores, cacao, pescado, entre otros. El total de las exportaciones subieron de 12.728 millones en 2006 a 25.724 millones en 2014, pero en 2019 descendió a USD 22.329 millones. En los últimos 6 años, las exportaciones no llegaron a superar los niveles de 2014 (Ibídem).

Las exportaciones de productos industrializados crecieron de 2.898 millones en 2006 a 5.387 millones en 2012, pero en 2019 descendieron a USD 4.505 millones. En los mismos años, la participación de los productos industrializados en el total de las exportaciones fue de 22,7, 22,6 y 20,1%, respectivamente. Los datos evidencian que hubo una contracción de las ventas en el extranjero de bienes industrializados (Ibídem).

Los mayores valores de las exportaciones de productos industrializados corresponden principalmente a derivados de petróleo, productos del mar, químicos y fármacos, manufacturas de metales, textiles y café elaborado.

El modelo de “libre mercado” no consiguió diversificar la producción nacional de bienes y servicios, se ha basado básicamente en la producción y exportación de productos primarios, materias primas, cuyos precios se caracterizan por su inestabilidad y en caso específico del petróleo por su volatilidad en los mercados internacionales, lo que ha provocado el estancamiento de la economía y consecuentemente el crecimiento del desempleo y subempleo. De lo que se infiere que el paradigma neoliberal ha fracasado en el país.

El “Gobierno de todos” se aferra a seguir bajando el gasto público

En los últimos cuarenta años, el discurso predominante de las élites empresariales y políticas ha sido achicar el tamaño del Estado en la economía, mediante la reducción del gasto público, especialmente los destinados a sueldos y salarios, concesionar empresas del Estado, contracción de inversiones públicas, bajar impuestos en forma indiscriminada, entre otras.

Al contrario, desde diversos sectores académicos y analistas económicos reiteradamente plantearon la necesidad de una eficaz y eficiente participación del Estado en la economía, mediante una adecuada planificación, inversiones públicas en obras de infraestructura, proyectos estratégicos, incrementar progresivamente los impuestos en función del patrimonio de las personas naturales, suministrar financiamiento a los sectores productivos en condiciones ventajosas, políticas que podrían generar fuentes de empleo y dinamizar la demanda agregada.

Los medios de comunicación del llamado establishment contribuyeron a generar una imagen negativa a las propuestas alternativas asociándolas con las políticas de la “revolución bolivariana”, con lo cual pretendían deslegitimarlas ante la opinión pública. En el contexto internacional, hay varias experiencias de eficientes intervenciones del estado para incentivar el desarrollo productivo.

La República Popular China, la segunda mayor economía del mundo, en el modelo económico, el mercado desempeña un rol importante, después de Estados Unidos, posee el mayor número de multimillonarios en el mundo. Sin embargo, se caracteriza por una activa participación del Estado en la economía, la planificación cumple una función clave en el crecimiento productivo, las más grandes e importantes impresas son estatales, canaliza crédito a los distintos sectores económicos e invierte gigantescos recursos en investigación y desarrollo.

Hasta hace poco tiempo, al gigante asiático se lo acusaba de copiar tecnología de los países occidentales. En el sector automotriz, en no pocos casos, los modelos de vehículos que producía eran similares a los fabricados en Japón, Reino Unido o Estados Unidos. No obstante, hoy en día, está desarrollando aceleradamente su propia tecnología y concomitantemente la automatización de la manufactura.

La mayoría de los países nórdicos también registran una activa participación del Estado en los sectores productivos. Uno de los indicadores que se utiliza para medir el peso del estado en la economía es la relación gasto público-PIB. En los países nórdicos han administrado los estados líderes de los partidos socialdemócratas y liberales, quienes consiguieron bajar la relación gasto público-PIB, sin embargo, se mantienen entre los más altos de Europa.  En 2019, el gasto público en Dinamarca representó el 49,6% del PIB, Noruega 51,8%, Finlandia 53,3%, Suecia 49,3% e Islandia 41,9% (Datosmacro, 2019).

La carga tributaria en los países nórdicos está entre las más altas de las naciones desarrolladas, particularmente el impuesto a las ganancias de las personas naturales. La mayor parte del gasto público los destinan a educación, salud y vivienda, cuyos servicios son eficientes. Los países nórdicos encabezan los rankings mundiales en educación, igualdad social, derechos laborales, calidad de vida. Los estados financian la educación, mediante la entrega vouchers o cheques escolares y los estudiantes elijen los colegios de su preferencia.

Noruega gestiona los ingresos generados por la explotación del petróleo, a través de Norges Bank Investment Management para asegurar y proteger el Fondo de Pensiones del Gobierno. El mayor fondo soberano del mundo, cuyo valor supera USD 1,1 billones, tiene participaciones en alrededor de 9.000 empresas distribuidas alrededor del planeta. En 2019, registró ganancias por USD 180.000 millones.

En condiciones de la peor recesión económica mundial desde la Gran Depresión de 1929, organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI), que ha dado giro importante en sus propuestas económicas y fiscales, está promoviendo a los estados “gastar tanto como pudieran”, incentivos fiscales, inversiones públicas, financiamiento a las actividades productivas, entre otras. El director del Departamento de Finanzas Públicas del FMI, Vitor Gaspar, 13 de octubre de 2020, manifestó:

“Los Gobiernos deben tomar medidas para mejorar el cumplimiento tributario, y evaluar la aplicación de impuestos más altos para los grupos más acaudalados y las empresas más rentables… Los ingresos resultantes contribuirán a pagar servicios críticos, como las redes de salud y de proyección social, en una crisis que ha afectado de manera desproporcionada a los segmentos más pobres de la sociedad” (EL País, 2020).

En la página web del Fondo Monetario Internacional, un estudio titulado “Inversión pública para la recuperación”, realizado por Vitor Gaspar, Paolo Mauro, Catherine Pattillo y Raphael Espinoza, se afirma:

“La inversión pública es esencial…. aumentar el gasto público en las economías avanzadas y de mercados emergentes podría ayudar a reactivar la actividad económica tras el derrumbamiento de la economía mundial más brusco y profundo de la historia contemporánea. También podría crear millones de puestos de trabajo directamente en el corto plazo y millones más de forma indirecta en el largo plazo.

Dejando aparentemente atrás su tradicional ortodoxia económica desde el llamado “Consenso de Washington”, el estudio del FMI reitera:

“Un aumento de la inversión pública equivalente al 1% del PIB podría fortalecer la confianza en la recuperación e incrementar el PIB en un 2,7%, la inversión privada en un 10% y el empleo en un 1,2% si las inversiones son de alta calidad y si la actual carga de la deuda pública y privada no menoscaba la respuesta del sector privado a estos estímulos” (FMI, 2020).

El gobierno del presidente Lenin Moreno, que tiene como asesores económicos a adictos de las políticas neoliberales, en octubre de 2020, presentó una nueva Carta de Intención al FMI, donde se compromete a bajar el déficit fiscal, a través de la reducción del gasto público, de 36.308 millones en 2020 a USD 34.303 millones en 2021, y el aumento de los ingresos, de 28.006 millones a USD 31.936 millones, respectivamente (El Universo, 2020).

A pesar de las nuevas propuestas económicas y financieras del FMI, que abalizó la Carta de Intención, el “Gobierno de todos” se encuentra obsesionado en bajar el gasto público, especialmente la masa salarial que significa mayor desempleo, subempleo y pobreza.

¿El FMI tiene un doble discurso, uno, para los foros internacionales y, otro, para los países en desarrollo? En la última Carta de Intención que presentó Ecuador al FMI, acepta incremento del IVA del 12 al 15%, pero el gobierno del Pedro Sánchez, de España, propone el incremento del IVA e impuestos ambientales y paradójicamente el organismo multilateral recomienda aplazar para no perjudicar a los segmentos de la población de rentas bajas.

De lo descrito es lícito dar un giro radical a la ejecución de la política económica para promover un nuevo modelo económico, orientado a diversificar la producción y exportación de bienes y servicios. En este objetivo nacional, el Estado debe desempeñar un rol fundamental para incentivar las actividades de investigación y desarrollo, obras de infraestructura, proyectos estratégicos, canalizar líneas de créditos a los sectores productivos, así como reducir drásticamente la contaminación ambiental y visual en las ciudades y contraer las desigualdades sociales.

Bibliografía:

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