Migración, remesas y pandemia

Guido Vinicio Duque Suárez[1]


La actual crisis sanitaria ha desencadenado a nivel mundial una importante recesión. Las previsiones de crecimiento económico son negativas en la mayoría de las economías y el desempleo se ha disparado en casi todos los países. Lo que configura un escenario global poco alentador en un futuro cercano y mediato.

Dentro de los grupos más vulnerables, ante la recesión ya presente, se encuentran los migrantes. La situación de estas personas, en Estados Unidos, Europa, algunos países del Asia y en varios estados musulmanes como Arabia Saudita, es compleja ya que estos trabajadores extranjeros tienen los oficios más precarios, como consecuencia, su realidad empeora mucho durante las crisis. Esta fragilidad económica se traduce en afectaciones sociales y sobre todo, en una mayor exposición a las consecuencias de la pandemia.

Este artículo busca analizar la situación de los migrantes durante el actual brote epidémico global, y por otro lado las posibles consecuencias económicas derivadas de este contexto sobre este colectivo humano y sobre los países receptores de las remesas. Si bien no existen datos directos sobre el grupo en estudio, se posee información segmentada por grupos étnicos, la que usaremos como soporte de nuestro artículo. Centraremos nuestro análisis en los Estados Unidos, uno de los epicentros pandémicos actuales.

Según datos del “The Covid Racial Tracker” y basado en el U.S. Census Bureau las etnias donde se han presentado mayor número de fallecidos vinculados al Covid 19, por cada 100.000 personas son los Afroamericanos, los Pueblos Nativos de Alaska u otros pueblos nativos y los Latinos o Hispanos. Coincidentalmente son estos grupos, los que tienen en términos generales, la situación económica más precaria en relación con el resto de la población.

Muertes relacionadas por COVID-19 en Estados Unidos por 100.000 personas por raza o etnicidad.

Fuente: The Covid Racial Data Tracker.

Podemos observar en términos porcentuales, que las hospitalizaciones en relación a los grupos étnicos, es mayor entre los colectivos de etnia blanca, sin embargo es una consecuencia lógica de ser el mayor colectivo dentro de los Estados Unidos. Entre la población minoritaria hispana, el porcentaje relativo de ingresos hospitalarios, es muy alto tanto en hombres como en mujeres.

Hospitalizaciones con COVID-19 confirmado por laboratorio al 25 de Julio de 2020

Fuente: COVID-NET.

En el gráfico anterior, se puede notar que los números relativos de los hispanos tienen un alto impacto tanto en ingresos clínicos, como en defunciones. Dentro de este grupo expuesto, existe un número importante de migrantes, los que por necesidad tienen que mantenerse trabajando, en especial en los casos de no tener un estatus legal, ya que incluso la ayuda económica del Gobierno Federal por el COVID 19 no se otorga a los ciudadanos norteamericanos cónyuges de inmigrantes ilegales.

La crisis derivada de esta emergencia ha generado una caída importante del empleo, del que son los Hispanos y los Afroamericanos, los más afectados, con lo que se cierne sobre ellos la doble amenaza de la precarización de su situación económica y el consecuente aumento de la vulnerabilidad ante la Pandemia, de estos colectivos ya marginalizados históricamente. Las tasas de desempleo son cercanas al 20% en estos grupos, intensificadas desde abril, con una ligera recuperación en mayo y junio, pero sin recuperar la dinámica anterior el evento pandémico.

De nuevo dentro del grupo de Hispanos existe un número importante de migrantes, por lo tanto, existe también un importante efecto sobre los migrantes latinoamericanos en Estados Unidos en términos económicos, y seguramente con mayor fuerza a los migrantes ilegales. 

Fuente: Buró de Estadísticas Laborales de EE.UU.

Analizando la gráfica, observamos que existe un doble efecto por el COVID-19 a los hispanos en los Estados Unidos, una mayor tasa de desempleo, y en términos relativos una mayor tasa de contagio, hospitalización y muerte. Esto seguramente se refleja de igual manera en otros países receptores, matizado por la calidad y cobertura de los servicios sanitarios.

A continuación, analizaremos los efectos en los países receptores y el caso de nuestro país.

Para Ecuador, de manera especial a partir de  la crisis financiera de fines del siglo XX e inicios del XXI, las remesas han constituido un flujo significativo de divisas, que han fortalecido o mantenido a la dolarización. Si bien a partir del 2008, con la crisis Financiera Internacional, se notó una importante contracción, se ha producido una recuperación, especialmente en los envíos desde los Estados Unidos, mientras que las remesas españolas no se recuperaron a lo niveles anteriores de la crisis. Se observa una caída de estos ingresos en el primer trimestre del 2020, la que seguramente se agudizará como en la crisis del 2008, la situación de las familias que dependen de las remesas enviadas del exterior.

Una de las secuelas de la crisis del 2008, fue el retorno de muchos ecuatorianos en especial provenientes de España. Esta dificultad, aquejó con intensidad a los países desarrollados, en especial al país ibérico. Sin embargo, este nuevo trance complica sus alternativas y las del país, ya que regresar al Ecuador, que ya mostraba una economía endeble desde antes de la pandemia seguramente, no será una opción de mejora en la calidad de vida, y de hecho empeorará de manera trasversal la situación. 

Fuente: Banco Central del Ecuador

Consideremos que desde la dolarización nos hemos convertido en un receptor de migrantes, sea como destino o un paso intermedio a otras regiones o países, por parte de migrantes de distinta procedencia, tanto de Latinoamérica, África, Medio Oriente y Asia.

Con base en los saldos migratorios de los últimos 10 años, se puede ver que la mayor población migrante es de nacionalidad venezolana. Otro punto interesante es la reducción de este saldo migratorio en el año 2019, dadas la complicación de la situación en nuestro país.

Fuente: Ministerio de Gobierno.

Es innegable que la crisis producida en Venezuela, desencadenada con mayor fuerza a partir del derrumbe de los precios del petróleo, ha traído una diáspora de a los demás países de la región, con la consecuente fricción por temas económicos, como ofrecer su mano de obrar por debajo de los valores mínimos o por temas como la delincuencia.

Incluso algunos analistas puntualizan la posible salida de divisas hacia el país Bolivariano, como un grave problema, lo que sin embargo los datos lo desmienten. Según la información de las remesas que maneja el Banco Central desde el 2014, ha sido Colombia quien recibe más divisas desde el Ecuador como remesas. Seguido muy por debajo Perú, China y México, siendo Venezuela el 5to país en recibir remesas representando apenas el 0.03% de las remesas enviadas desde el Ecuador.

Fuente: Banco Central del Ecuador

En el año 2009 las divisas remitidas desde nuestro país, representaban un 5% de las remesas recibidas, y para el 2019 estas representan un 20% de las recibidas, siendo Colombia, como ya detallamos anteriormente, la que más recibe con un 12% del total representado más del 50% del volumen de dólares que salen.

De igual manera los migrantes de Venezuela están entre los grupos más vulnerables al tener trabajos precarios, situación análoga a la de nuestros migrantes en el exterior, y muy parecida a la de los demás migrantes en el resto del mundo.

Si bien no existen estadísticas específicas sobre la situación de los migrantes en la pandemia, esta información se verá reflejada en la caída de las remesas internacionales por las pérdidas de trabajo, reducción de carga laboral, hospitalizaciones causadas por el Covid-19 y en el peor de los casos por el fallecimiento del migrante.

Lamentablemente, este ciclo de migración no se detendrá, es parte del ciclo de acumulación capitalista, que concentra capitales y que para mantener su tasa de ganancia requiere un creciente ejercito industrial de reserva, pero que no se interesa en integrar a su sociedad a la mano de obra migrante que busca una mejor situación económica y una esperanza para los que quedan en los países de origen.

Para enfrentar esta realidad en el corto plazo la solidaridad debe ser no solo con nuestros compatriotas que están en una situación de vulnerabilidad, también asumámosla con los migrantes en el país. Esta es no solo la oportunidad para redefinir las relaciones de producción, lo es además la de rediseñar las formas de comercio internacional favoreciendo a los países, a los sectores y a los grupos que más han sufrido por este evento cíclico de la Historia humana.

Referencias:

Banco Central del Ecuador https://contenido.bce.fin.ec/documentos/Estadisticas/SectorExterno/BalanzaPagos/Remesas/indice.htm

Buró de Estadísticas Laborales de EE.UU. https://www.bls.gov/news.release/empsit.t02.htm

COVID-NET https://gis.cdc.gov/grasp/COVIDNet/COVID19_5.html

Ministerio de Gobierno https://www.ministeriodegobierno.gob.ec/migracion/

The Covid Racial Data Tracker.https://covidtracking.com/race

[1] Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Central del Ecuador. gduque@uce.edu.ec, miembro de la Unidad de Análisis de Coyuntura IIE.

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