La banca, la crisis y el futuro del país

Pedro Páez Pérez

 

Luego de 3 años de una ofensiva sin parangón de políticas contractivas, en el contexto de una convalecencia todavía frágil y no completada del efecto de choques exógenos muy adversos, el país afronta el desafío de una pandemia cuyo manejo ha sido, para colmo, desastroso.

En estos momentos de sufrimiento y solidaridad urge una reflexión profunda sobre el futuro del país fruto de esas políticas y de la profundización de la extremista agenda neoliberal que sigue avanzando tomando ventaja de la perplejidad e incertidumbre de la ciudadanía.

Los temas son innumerables, desde privilegiar el pago de la deuda externa plagada con arreglos tan perjudiciales como el del oro de la reserva, en medio de concesiones al gran capital y cargas fiscales sobre los más vulnerables hasta los despidos, la precarización laboral y las privatizaciones inconstitucionales que se van adelantando inexorablemente. Pero nos centraremos en estas cortas líneas en el papel de la banca, beneficiario, protagonista y promotor ideológico y operativo del cambio de rumbo del país del último periodo, porque un cuidadoso manejo de factores monetarios y financieros pueden hacer la diferencia ahora que hay quienes quieren reventar la dolarización. Más grave aun, cuando la cuarentena, e incluso su mal manejo, pueden ser utilizada para cubrir incompetencias.

El sistema financiero, privado y público, debería ser un actor clave de un proceso de relanzamiento de la economía. En lugar del fundamentalismo de “mercado” que hace lo que podría investigarse como publicidad denigrante (art. 24 de la LORCPM) contra sus competidores: la banca pública y las cooperativas, violando principios del “libre mercado” que dicen defender, se necesitaría que todos pongamos el hombro para salir de un trance tan difícil, reciclando la liquidez para orientarla a la recuperación productiva de las familias y los emprendimientos. Lastimosamente, prima la cultura oligárquica del “comesolito”. Y con excelentes réditos.

¿Cómo es posible que últimamente la banca haya obtenido año tras año ganancias sin precedentes en un país en medio de una recesión que no cesa de profundizarse? Es claro que hay un amplio margen para la reducción de las tasas de interés, que podrían ser respaldadas con ventanillas de redescuento especiales en el Banco Central, CFN, Banecuador o BIESS.

La gran banca, no todos los bancos claro, había venido sometiendo a la sociedad a un largo periodo de “credit crunch” (menos crédito que el potencial) y fuga de capitales motivado políticamente con el objetivo de lograr con la manipulación de la economía, una correlación de fuerzas que no habían podido mantener en las urnas. La autoridad de supervisión debería evitar esos comportamientos antitécnicos.

Estos procedimientos no cesaron siquiera ante factores exógenos que golpearon a la nación, sino que se exacerbaron aprovechando la caída brutal de precios del petróleo de fines del 2014, los terremotos subsiguientes y hasta el fenómeno de El Niño que no resultó tan destructivo como en los países vecinos debido a la nueva infraestructura construida para mitigarlo. Más aun, convergen esos intereses y tácticas con las agresiones financieras que sufrió sincronizadamente el país con los kafkianos arbitrajes internacionales y las presiones del FMI y la banca internacional en esas mismas fechas.

Esa ofensiva contra la sociedad ecuatoriana se refleja en que el agregado de captaciones excedió sistemáticamente el de colocaciones, sin reparo a las condiciones de fragilidad que esto podría implicar para el sistema en su conjunto, más allá del comportamiento de cada institución individualmente. Qué contraste con la técnica, las mejores prácticas y hasta la teoría ortodoxa según la cual los bancos son intermediarios que prestan exactamente lo que reciben como depósitos. ¿Cómo ganaron prestando menos que lo que captaron (a un costo)? ¿Cómo se cumple el precepto constitucional que ubica a la banca como servicio público delegado (art. 308 de la Constitución)?

En lugar de mejorar su eficiencia y rentabilidad sirviendo a la comunidad, sobre todo prestando a actividades productivas para consolidar con capacidades locales un esfuerzo nacional que, como pocas veces, duplicó en términos reales el mercado nacional en menos de una década, la fuente de sus ganancias tuvo un gran margen en actividades especulativas y rentistas, favorecidos por la extensión de comisiones y cobros en cuellos de botella que constituyen virtuales monopolios de posición en los circuitos financieros. El crédito productivo continuó raquítico a pesar de un ambiente productivo sostenidamente prometedor durante lapsos considerables. La orientación del crédito ahora debería privilegiar la producción local y la generación de empleo sobre la base de un programa generalizado de garantías con el respaldo gubernamental, redes de microseguros, tarjetas de crédito productivo que eviten los costos de transacción y mejoren la oportunidad del crédito, el retorno del dinero electrónico como un servicio público sin fines de lucro, cámaras de compensación local, etc.

Cambiado el horizonte político abiertamente a su favor, el manejo diferenciado de la restricción de liquidez adquiere un cariz distinto, pero ya en un ambiente en que la capacidad de repago de los préstamos de todo tipo empieza a encontrar crecientes problemas por la restricción adicional de la demanda efectiva provocado por las políticas de austeridad y el desmantelamiento de las dinámicas de redistribución, construcción masiva de infraestructura y estímulos desde el sector público.

Pasamos, desde hace año y medio, a otro momento en que la relación agregada entre captaciones y colocaciones se revierte. Las autoridades correspondientes deben actuar prolijamente, sobre todo porque la transición coincide con la interrupción del ascenso de la curva de cartera vencida y podría estarse fraguando en algunas entidades un operativo conocido en medios financieros como “evergreening”, es decir ocultar las dificultades de pago de los amigos de los dueños de los bancos como si fuesen renovaciones o nuevos préstamos. Análisis de valor en riesgo son indispensables en la prospectiva de una recesión provocada. Precisamente una recuperación a las políticas de estímulo y redistribución son la terapia indispensable para evitar escenarios vulnerables y onerosos por exceso de riesgo.

Preocupa también el que el aumento de los préstamos no esté vinculado a un necesario esfuerzo productivo de reactivación, sino que aparecen comportamientos exponenciales en créditos de consumo, que, ante el aumento del desempleo, el subempleo y la pobreza fruto de las políticas neoliberales, requeriría serios estudios de las autoridades sobre su sostenibilidad. Los banqueros y sus técnicos más cercanos, muchos de los cuales son responsables directos de las políticas depresivas que se han acumulado estos últimos años en todos los frentes, saben perfectamente que no solo el BIESS tiene que enfrentar las circunstancias de clientes que de pronto perdieron el empleo por los despidos masivos o cuyas empresas ven caer irremisiblemente sus ventas. Las autoridades deberían correr “test de stress” apropiados a la gestión de la cartera de cada entidad con datos antes de la cuarentena, para evitar que la viveza criolla aproveche el dolor de tantos ecuatorianos como coartada para posibles irresponsabilidades. Los reguladores de la Superintendencia de Bancos deben garantizar a los ecuatorianos que no vamos a acabar nuevamente con bancos quebrados y banqueros multimillonarios en Miami.

Estos indicios, que podrían resultar inocuos una vez investigados, resultan todavía más alarmantes en el marco de las pretensiones del bloque de poder dominado por intereses financieros nacionales y transnacionales con el aval y la presión desvergonzados del FMI de trasformar radicalmente el cuadro regulatorio hacia condiciones incluso más extremas de aquellas que llevaron a la crisis bancaria de 1998-2000 y que expulsó a millones de compatriota tras la aprobación de la Ley General de Instituciones del Sistema Financiero bajo la condicionalidad cruzada del mismo FMI y el Banco Mundial en 1994, a sabiendas que políticas similares ya habían provocado crisis bancarias en cada país latinoamericano que ya las había aplicado hasta entonces.

¿Cuál es el objetivo estratégico de esa gran banca? ¿Qué pretenden al buscar la eliminación de sus aportes a fondos de liquidez y de garantía a los depositantes en un escenario de muy posible debilitamiento de la economía y de las finanzas? ¿Qué objetivo tiene esa vieja ambición de llevarse el corazón del Banco Central (encaje, cámara de compensación, etc.) afuera, como ya intentaron por muchos años para que el sistema de pagos del país lo maneje, como quisieron antes con un banco miamense como  Wachovia, ya castigado por las propias autoridades estadounidenses por flagrancia en el narcolavado? ¿Qué le depara al país el cumplimiento forzado de esa agenda en medio de la consternación y el desconocimiento generales?

En lugar de ese debilitamiento institucional debería fortalecerse la regulación prudencial macro (Banco Central) y micro (Superintendencias de Bancos y de Economía Popular), con fondos de aportes privados más elevados que minimicen el riesgo moral y la selección adversa.

En lugar de multimillonarias remisiones y exoneraciones fiscales que agrandan el agujero fiscal agudizado por la contracción programada, deberían contribuir más los que más ganan para que la salud, la educación y la infraestructura permita a todos defender las condiciones de vida y de producción de la familia y la comunidad.

En lugar de la especulación, el rentismo y la fuga de capitales, se requiere un sistema financiero que sostengan la transformación productiva y relancen la economía.

En lugar de eliminar el coeficiente de liquidez doméstica y anular el impuesto a la salida de divisas para facilitar la hemorragia de recursos que sistemáticamente provoca la oligarquía, deberían fortalecerse esas regulaciones y operar mecanismos para canalizar la inversión allí donde hace falta para fortalecer la economía y desplegar la creatividad de los ecuatorianos.

En lugar de buscar un lugar en la geopolítica mundial de las guaridas fiscales (tras la escandalosa evidencia de los “Panama Papers” y los “Paradise Papers”) y ponerse “sexi” para las mafias colombianas que quieren control territorial del Ecuador, el sistema financiero, grande y pequeño debería lanzar mancomunadamente una acción que profundice los cambios de la matriz productiva y distributiva del país.  

 

1 Comment

  1. Creo necesario que ISIP genere una línea de publicaciones y entrevistas cuya caractetistica esencial sea el empleo de lenguaje accesible, coloquial, que asegure comprensión universal y obviamente, permita “tomar partido”. ISIP no debe ser una antena académica, sino una tribuna desde la cual difundir propuestas qie realicen la esencia de una universidad: defensa de intereses comunes que, en este como en muchos casos, rebasa a la academia.

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