La economía popular y solidaria y la crisis sanitaria en Ecuador

Pedro Páez Pérez

 

La cuarentena dispuesta por el gobierno tiene efectos diferenciados sobre las familias ecuatorianas. Nos concentraremos en los aspectos meramente económicos, más allá de aquellas familias que, afectadas por la enfermedad, enfrentan la posibilidad no solo de la tragedia somática sino también de aquella ligada al desmantelamiento en los últimos años de los avances de salud pública en infraestructura y talento humano construidos durante la década previa (en sí insuficientes tras una historia de subdesarrollo).

Las estrategias de sobrevivencia de la mayoría de las familias ecuatorianas sufren un grave golpe por las restricciones de movilización y contacto debido a que, por un lado, una parte aún no medida de los trabajadores asalariados están siendo privados de (parte de) sus remuneraciones o enfrentan la posibilidad de despidos y, por otro lado, otros miembros de la familia más precarizados, o no encuentran trabajo o no pueden vender el fruto de su producción (de bienes o, peor, servicios). Los efectos multiplicadores de esa falta de ingresos (presente o de un cercano futuro) se concentran desproporcionadamente en los sectores populares, en tanto los pobres del campo y de la ciudad enfrentan demandas efectivas cuyo gradiente depende, mayoritariamente, a los pobres del campo de la ciudad. Se configura un caso patético de generación de trampas de pobreza como las estudiadas por Duflo, Banerjee y Kremer, Nobel de Economía en 2019.

La matriz de interacciones resultante tiene varias dimensiones, entre las más importantes, las referidas a empleo y las ligadas a ingresos. Entre las que definen ingresos, hay dos aspectos básicos: solvencia y liquidez. Dadas las condiciones estructurales de marginalidad en el acceso a activos productivos, la fragilidad por el lado de solvencia puede derivar rápidamente y en repuesta a impactos no muy serios, hacia la destrucción del tejido productivo y a tensiones y desgarramientos familiares con amenazas sobre los niveles de consumo, salud y seguridad de las poblaciones afectadas que retroalimentarían los factores de la crisis sanitaria nacional. Pero incluso en aquellos casos resilientes ante las amenazas de solvencia, el impacto sobre liquidez puede volverse fulminante, en tanto se trata de actores que enfrentan mercados poco densos, poder de mercado abusivo y predatorio y redes monetarias poco diversificadas. Afortunadamente, la ofensiva económica y cultural del capitalismo neoliberal no ha terminado de liquidar otro tipo de lazos y lealtades parentelares (sanguíneas y rituales) o comunitarias (con señaladas matrices étnicas o territoriales) que operan creativamente como último refugio de afecto, solidaridad y sobrevivencia.

Es indispensable ubicar este efecto coyuntural en el contexto de la aguda crisis provocada por la agenda de extremismo neoliberal impulsada desde el inicio de este gobierno, peor aún en tanto se está buscando como profundizarla aprovechando la emergencia sanitaria y el desconcierto de la población. En efecto, cuantitativa y cualitativamente estos efectos descritos son mucho más serios porque llevamos años de una reversión sistemática de estímulos a la demanda efectiva, que si bien privilegiaron a los circuitos conformados por grandes empresas con alto componente importado y débiles encadenamientos sobre la economía popular y solidaria, la más que duplicación del mercado nacional que se produjo en términos reales durante el previo decenio, marcó un ritmo, una orientación y unas expectativas que han troquelado las estrategias de sobrevivencia de la mayoría de la población.

Más aún, el énfasis redistributivo del régimen de acumulación anterior, aunque insuficiente, desencadenó dinámicas de mercado poco comunes en el país (el surgimiento de nuevas “clases medias”, relaciones territoriales proveedor-cliente diferenciadas, relativización de las estrategias de rentabilización vía precios y no cantidades, etc) que transformaron sustancialmente las condiciones de articulación del no-capital al capital. Eso incluso si no se rebasaron estructuras atávicas del subdesarrollo, como las ligadas al intercambio desigual, las asimetrías espaciales y el rol asfixiante que desde la circulación ejercen el chulco y la intermediación (vinculado a cadenas de valor a veces hasta transnacionales de significativo componente productivo). Su sistemática reversión en el marco de las políticas de austeridad, la fuga de capitales y la restricción del crédito, ha venido ejerciendo fortísimas presiones depresivas estos últimos años. Campesinos, carpinteros, sastres, costureras, panaderos, pequeños comedores, salones de belleza etc, enfrentan tasas de inflación negativas para sus productos finales, mientras que sus costos, nacionales o extranjeros (en gran parte provistos a través de cuellos de botella oligopólicos), siguen subiendo.

 Es fundamental para garantizar la paz y la integridad de los ecuatorianos el desplegar urgentemente una política sistemática enfocada en este sector mayoritario de la sociedad. Hay que articular a pequeños y medianos productores, capitalistas o no, a las cadenas logísticas de abastecimiento que hasta el momento han favorecido básicamente a los grandes supermercados. Con los protocolos sanitarios del caso, debería retomarse la experiencia de la Superintendencia de Control de Poder de Mercado que incorporó más de 2 puntos del PIB en las compras de los grandes supermercados y un tanto menor en las compras pública en plazos cortísimos, sobre la base de la participación activa desde el territorio y la comunidad de alrededor de 470 Asambleas Productivas.

Hay que superar odios y dogmatismos ideológicos inmediatamente y viabilizar soluciones realistas. La rehabilitación de la plataforma informática SupertiendaEcuador permitiría poner las tecnologías de la información y la comunicación a resolver buena parte de las conexiones P2P, P2C, P2G y G2G, y puede proyectarse modularmente hacia avances del internet de las cosas en el marco del pragmatismo que la emergencia sanitaria demanda. Articulada con el horizonte inicial del dinero electrónico, no para las ganancias cartelizadas de los grandes bancos y movilizando a todo el sistema financiero público y privado, cooperativas grandes y pequeñas, cajas de ahorro y otras iniciativas financieras populares en alianza con los gobiernos seccionales, puede generarse un sistema de provisión de liquidez y crédito productivo poderosísimo, con una capilaridad, pertinencia y parsimonia muy adecuada a la disponibilidad actual de recursos. Combinados estos pilares con cámaras de compensación locales que respalden matrices de crédito mutuo público -privado en el territorio, el relanzamiento productivo puede ser rápido y autosustentado.

Sin duda, estas modestas propuestas deben insertarse en políticas macroeconómicas, redistributivas y sectoriales totalmente opuestas a aquellas que buscan convertir al país en una guarida fiscal y especulativa, basada en la desinstitucionalización, la desregulación, la privatización y la predación laboral y ecológica.  

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