Octubre 2019: Contra hegemonía y política

Francisco Muñoz Jaramillo

En homenaje a los caídos en la movilización de octubre

La coyuntura del Ecuador de octubre de 2019 adquiere una inusitada trascendencia histórica por la presencia de la acción colectiva autónoma del movimiento indígena que articuló sectores urbanos y populares, jóvenes y mujeres principalmente, que plegaron de manera decisiva a esta reacción en contra del gobierno de Moreno exigiendo la derogatoria del decreto 883 emitido por el régimen, que suprimía los subsidios y generaba alza de precios a los combustibles; así como demandando el cambio de políticas públicas condicionadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI), las mismas que han afectado las condiciones de vida de los sectores indígenas y populares.[1]

“Vándalos” fue el calificativo principal usado por el gobierno, medios de comunicación y algunos editorialistas, para caracterizar la acción colectiva desarrollada por el movimiento indígena en los primeros días de octubre. Este señalamiento, dicho al vuelo, buscó estigmatizar y desprestigiar al movimiento social levantado en los mencionados días. No solo muestra un equívoco y uso pueril de esta adjetivación, sino que pone de manifiesto la crisis de conducción del Estado, en el proceso de creación y formulación de su hegemonía ideológico cultural, que el bloque dominante no ha logrado concretar recrear y cultivar, y que da cuenta, claro está, de un momento de vacío y descomposición de la esfera política de la sociedad. Además, ha dejado ver el déficit intelectual de la sociedad ecuatoriana en distintos sectores y niveles. Como dice Iván Carvajal, el Ecuador carece de un movimiento intelectual[2]. Los límites en la construcción ideológico-cultural, es una de las principales condiciones que abrió el espacio a una reacción autónoma, fuerte y determinante del movimiento indígena y de amplios sectores populares.

Calificar de vandalismo a la acción de octubre es, por decir lo menos, una subjetividad propia de la incomprensión de la ideología para integrar y englobar bajo determinados parámetros la conducción y cohesión social. Luego del levantamiento se ha desatado por parte de ciertos sectores una ofensiva ideológica y propagandística desmedida, prejuiciada y racista para desprestigiar, aislar y afectar políticamente al movimiento indígena y sus dirigentes.

Uno de los fenómenos más sorprendentes que se evidenció en los últimos acontecimientos que sacudieron al país en el mes de octubre de este año, fue una trasnochada pero vigorosa explosión de racismo dirigido hacia los pueblos y nacionalidades indígenas. Trasnochado porque había que esperar que con tanta agua corrida desde el célebre levantamiento indígena de los noventa, las formas y maneras de discriminación étnicoracial hubiesen “evolucionado” de algún modo para devenir menos toscas y más sutiles. Mucho más vinculadas a esa idea de blanquitud echeverríana. Vigoroso porque la intensidad y el calibre de los epítetos lanzados fue de tal magnitud que pusieron en serias dificultades toda capacidad socio-comprensiva de nuestra sociedad si la ubicamos en parámetros contemporáneos. [3]

 

Son momentos en que se expresa la decadencia, incomprensión y resquebrajamiento de la ideología dominante, generando las condiciones para el surgimiento de la contra hegemonía. En este sentido no es tanto la crisis económica el principal factor desencadenante de la coyuntura, sino la inviabilidad para trascender aquella, la misma que está ligada a obstáculos sociales de carácter ideológico y político, que no permiten dar salidas y superar la debacle económica.

Controvertidas opiniones han surgido respecto a la movilización de protesta. Desde aquellas que expresaron una postura racista, contraria y excluyente del movimiento indígena, hasta las que han mostrado una franca adhesión al movimiento social. En torno a estas antípodas han girado enfoques parciales que examinan la significación de la importante acción colectiva, que contó con diversidad de soportes y presencias populares, laborales, de sectores medios urbanos, mismos que actuaron viva y beligerantemente durante los días del conflicto, evidenciando procesos sociales y organizativos no antes conocidos (inéditos) al interior de la vida social, como etarios y de género.

Aun todavía no se encuentra una caracterización fundamental que ponga el sello de la movilización de octubre. Se ha hablado de movimiento insurreccional, acontecimiento o rebelión indígena, como de contra hegemonía, etc. Categorías que han buscado referirse a la dimensión social e histórica, ciertamente comprensible cuando se trae a la memoria la insurgencia que dio origen en el siglo XX (1990) a la presencia de este actor tan importantemente en la vida nacional, el movimiento indígena.

Se han dado, así mismo, muchas opiniones que han puesto el énfasis en el tema de la desestabilización y la violencia insurreccional. Más allá de las opiniones y de la constatación empírica que los diversos análisis muestran sobre el acontecimiento de octubre, se vuelve necesario examinar, en pos de explicarlo, los aspectos estructurales que constituyeron esta acción. ¿Cuál es el carácter de las determinaciones sustanciales que permiten explicar tan extraordinaria e histórica rebelión del movimiento indígena? ¿Corresponde a los conflictos y contradicciones con sectores empresariales que apoyaron la línea fondomonetarista del gobierno de Moreno para superar la crisis económica en ciernes? ¿Expreso los límites del desarrollo de la política social que en los últimos años ha agravado en el Ecuador la situación de pobreza, desempleo y miseria?

O, como dice el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico:

¿es el resultado del malestar social y popular que se vino alentando con sucesivas medidas políticas, económicas y laborales, con la condonación de deudas de banqueros y empresarios por un monto superior a los 4.200 millones de dólares recibidos del FMI, subsidios a los grandes empresas trasnacionales y nacionales por la vía de exoneraciones tributarias? [4]

Este artículo, en consecuencia, tiene por objetivo explicar algunos de los factores y condiciones de nivel estructural que concurrieron en la movilización de octubre. Se intenta entonces exponer en concreto la situación general, social y política, puesta de manifiesto en algunos de los aspectos de la acción colectiva de octubre, de tal manera de lograr encontrar en la explicación, como diría Marx, una síntesis de las múltiples determinaciones que concurrieron en la rebelión indígena y posterior desenlace.

 

II.

Siguiendo la línea interpretativa planteada, un primer aspecto que se requiere identificar es la crisis de la ideología dominante, que conlleva a una situación de descomposición del plano político de la sociedad, el mismo que en la fase actual se encuentra determinado por el difícil, complejo y contradictorio transito del régimen, que se da en el curso del gobierno de Moreno; de un populismo autoritario de línea keynesiana, de corte modernizante y de importante presencia de la corrupción pública, que en su fase final se vinculó con el FMI; a un régimen democrático-formal, de corte arbitrario, que impuso un modelo económico empresarial y el acuerdo con el FMI en línea neoliberal, como expresión del proceso de afianzamiento del predominio, especialmente, de la banca y el capital financiero internacional, mostrando así  políticas de continuidad y de ruptura con el anterior gobierno.

En efecto, en este momento de tránsito se puede evidenciar el uso arbitrario de medidas y mecanismos encaminados, principalmente, a modificar las instituciones de control y justicia ecuatoriana en un proceso -decía en un artículo anterior- de configuración de formas de Estado de excepción. Afirmaba en este sentido:

Se requiere entonces comprender en las condiciones actuales, que el camino del cambio institucional y de los funcionarios de los organismos de control y justicia, sustituidos por otros ciudadanos por decisión del Consejo de Participación Transitorio (T) constituido por  la consulta de Febrero 2018, se encuentra determinado jurídica y constitucionalmente por una suerte de ambigua relación entre el estado de derecho (o derechos como define la Carta Magna), y la situación de emergencia política que encuentra en los mecanismos jurídicos de la forma de estado de excepción, que fueron utilizados en la fase correísta, cuando por caso, sin suficiente sustento constitucional del estado de derecho, es decir arbitrariamente, se modificó en diciembre del 2015 la constitución utilizando la figura de las enmiendas constitucionales, y que en el periodo de Moreno ha sido necesario para cambiar las condiciones institucionales ligadas al correísmo.[5]

Crisis de hegemonía ideológico-cultural, entonces, ligada a la forma de Estado de excepción, que en el tránsito de uno a otro momento limita el orden jurídico-político-constitucional y genera condiciones para la expresión profunda, desafiante y combativa de los sectores subalternos. Hay pues un tránsito de la etapa gubernamental anterior a la actual que compromete la situación de legitimidad y nos lleva a la comprensión del Estado de Excepción.

Quizás uno de los temas políticos más importantes de América Latina es que se viven cambios significativos de la forma de Estado, fenómeno que ha llevado a Mantovani a enfatizar en la estructuración del “Estado de excepción”, es decir, un Estado [dice Agamben] en el que se debilita el:

“…orden jurídico, [lo que] se ha convertido durante el siglo XX en forma permanente y paradigmática de gobierno. Una idea que Agamben retoma de Walter Benjamín, en especial de su octava tesis de filosofía de la historia, que Benjamín escribió poco antes de morir, y que dice [Costa citado por Agamben]: “La tradición de los oprimidos nos enseña que el estado de excepción en el cual vivimos es la regla. Debemos adherir a un concepto de historia que se corresponda con este hecho”.[6]

 

Efectivamente, en el proceso de cambio de régimen, que ha vivido el Ecuador en estos años, se destaca un factor jurídico-político manifiesto en el carácter del Estado de excepción, el mismo que ha contribuido a debilitar la hegemonía ideológica-cultural del bloque dominante. La acción colectiva del movimiento indígena insurge y se despliega de manera potente en condiciones de este vacío político e ideológico que permite expresar la contra hegemonía. La movilización social y política del movimiento indígena es, por tanto, un rayo que cae en campo devastado, en medio de una situación (causa y efecto) de conducción gubernamental débil e incongruente, atravesada por la arbitrariedad y la imposición autoritaria, sin consenso, del acuerdo con el FMI para intentar superar la crisis económica.

Hay pues, por otra parte, de manera significativa, concomitante con este manifiesto límite la emergencia de formas del “sentido común” que constituyen -como diría Gramsci- a los sectores subalternos y permiten una expresión más allá de la cotidianidad, haciendo posible una amplia participación de sectores rurales, indígenas, urbanos, barriales, juveniles y de mujeres.

En este aspecto la movilización indígena de octubre adicionalmente puso de manifiesto el cambio morfológico de los sectores indígenas y populares donde la configuración del “sentido común” o buen sentido” logra expresar, frente al autoritarismo dominante de la pasada década, una posición democrática y de resistencia social, en línea contra hegemónica. En esta perspectiva, se manifiesta principalmente la presencia de los movimientos de mujeres y la acción de los jóvenes excluidos del empleo y la educación superior que mostraron importantes disposiciones para la lucha social de octubre. En este aspecto, decíamos en un artículo que circuló en mayo de 2018:

Se requiere -en consecuencia- reconocer e identificar la transformación morfológica del movimiento popular en su proceso de recuperación y configuración, misma que se enmarca en la perspectiva de la creación de una voluntad colectiva nacional popular, donde se advierten falencias organizativas-pedagógicas y de definición hegemónica del campo social y popular. Tarea del próximo periodo que se avecina será superar esos límites. Adicionalmente se requiere considerar el cambio en la configuración y crecimiento de algunos estratos de los sectores medios, aliados importantes del campo popular.[7]

 

Este límite y esta crisis comentada, se expresa, por otro lado, en la situación de debacle del sistema y partidos políticos ecuatorianos, limitados en su posibilidad para representar, expresar y conducir a la sociedad civil. Donde la multiplicación de movimientos y partidos para participar en las elecciones, como los que se dieron en las últimas seccionales de marzo de 2019, dispersa la representación, impide la creación de movimientos o partidos nacionales y afecta la coherencia ideológica. La reforma del Código de la Democracia aprobado en los últimos días  por la Asamblea Nacional, ¿superará estos límites manifiestos de los partidos? El acuerdo diverso y heterogéneo de algunas bancadas legislativas, ideológicamente diferentes y contrarias, para alcanzar la mayoría asamblearia con el objetivo de archivar el proyecto urgente de Ley de Crecimiento Económico, no hubiera sido posible sin esta manifiesta descomposición partidaria, donde se desplaza el hacer ideológico por la necesidad pragmática.

Las élites económicas y políticas, en los últimos años, no llegaron –dice Isaías Campaña- a presentar un proyecto nacional, una agenda nacional, con una visión y misión del país que se pretendería alcanzar a largo plazo, incluyendo objetivos y estratégicas políticas, programas y proyectos viables. Se han limitado a sus propias reivindicaciones sectoriales y gremiales.[8]

 

La acción extraordinaria del movimiento indígena evidenció este límite de corte estructural que abrió, al mismo tiempo, el campo para la movilización y resistencia de octubre, comprometiendo otras esferas sociales como la económica.

 

III

En segundo lugar, la movilización de octubre tuvo como actor principal a la CONAIE, y en ella se desplegaron distintas estrategias y tácticas (conductas políticas) que intentaron incidir, disputar y dirigir el movimiento. Así, podemos encontrar las conductas del movimiento social, la derecha y sus distintas facciones, el correísmo y la extrema derecha.

La rebelión indígena de octubre, entonces, se dio principalmente intervenida por dos de aquellas estrategias o tácticas que fueron predominantes en la disputa de la conducción y objetivo autónomo de la movilización, y que muestra, de una u otra manera, las tendencias político-ideológico-electorales de la escena ecuatoriana. Una, resultado de la transformación de la oposición al régimen de Moreno en posición desestabilizadora, la misma que tenía por objetivo el cambio de gobierno. En esta línea se articuló la “corriente correísta”[9] y algunos sectores del movimiento indígena. La otra estrategia se centró en la defensa del régimen de Moreno desde un alineamiento político anti correísta. Conducta política que se orientó a mostrar las ventajas del acuerdo generado con el FMI en representación del bloque dominante. En esta conducta se alinearon las posiciones de la derecha reaccionaria, de la derecha y sus facciones, y de algunos sectores del movimiento social y de la izquierda.

El punto es que, en un sentido gramsciano –dice Stalin Herrera-, el anticorreísmo se ha convertido en un consenso entre las élites y la sociedad que se ha instalado como un dispositivo de fragmentación y desmovilización. El anticorreísmo en las élites se explica porque, a pesar de que el gobierno de Correa garantizó su reproducción y ampliación económica, logró mantenerlos a un margen relativo de la administración del Estado y la distribución del excedente o la renta estatal.[10]

 

En un breve examen cronológico de la movilización se pueden destacar los principales momentos de la mencionada acción colectiva.

El primero que se dio en el origen, acicateado por los gremios de transportistas que paralizaron el país y que tuvo que ver, básicamente, con la reivindicación gremial y social del precio de los combustibles. El segundo, se desplegó, días más tarde, cuando el movimiento indígena marchó a Quito e involucro a sectores urbanos, que ya estuvieron presentes antes de la rebelión indígena, y que participaron en la movilización. Se protagonizaron procesos y acciones orientadas a la toma de entidades públicas y muchos sectores plantearon la necesidad de la organización de “comunas” como formas de estructuración popular para sostener la lucha social y política. El tercero, estuvo constituido por la ampliación e intensificación de la movilización, principalmente en Quito, que mostró niveles importantes de insurrección. Momento en que se puso en evidencia la actitud de sectores de las Fuerzas Armadas para enfrentar represivamente al movimiento social, como fue el caso de la medida militar del toque de queda. Concluye este periodo con el diálogo mantenido por los dirigentes del movimiento con el Gobierno para derogar el decreto 883.

La lucha popular [es decir, la estrategia y la táctica] se expresó –dice López- en tres momentos ascendentes que fueron arrinconando al gobierno, a las élites económicas y a la derecha política: la movilización indígena, el paro nacional del 9 de octubre y el levantamiento popular de los días siguientes.[11]

 

En medio de este confrontamiento y disputa estratégica y táctica, el movimiento indígena y popular desplegó su acción autónoma contra hegemónica, la misma que en el curso de los acontecimientos rebasó y supero a una y otra fuerza coyuntural, precisamente, a través de formas potentes y significativas de acción, de organización, resistencia y movilización, que crearon las mejores condiciones para la insurgencia del movimiento indígena en octubre.

Conducta que puso de manifiesto, por otro lado, el contexto geopolítico y político de la región en torno a las posiciones anti neoliberales contrarías al FMI. Situación donde es necesario tomar en cuenta que sectores y bastiones electorales del correísmo plegaron a la movilización y la protesta en procura de alcanzar sus objetivos: el golpe, destitución y/o renuncia de Moreno, coincidiendo con algunos sectores del movimiento social y dejando abierta la posibilidad futura de nexos políticos.

Al concluir la movilización y asistir al dialogo con el gobierno, donde se acordó el cambio del decreto 883, la fuerza autónoma del movimiento social se vio atenazada y atrapada por la intervención decisiva de las dos principales estrategias mencionadas, produciéndose finalmente la vinculación y coincidencia con la táctica y estrategia del gobierno y el bloque dominante. Como se decía, en esos días: “todos corrieron a sostener al presidente Moreno”, frente a aquellas fuerzas, principalmente del correísmo, que buscaban la desestabilización y cambio de régimen. De esta manera el gobierno detuvo la desestabilización y el posible golpe que dejó, de todas maneras, vigente la estrategia y táctica del movimiento social, que sufrió un revés al momento del diálogo con el régimen.

Fueron estas condiciones de la lucha política las que llevaron al movimiento indígena a desplegar su estrategia y táctica a través de su formulación programática transitoria, la misma que se debatió y deliberó en el Parlamento de Los Pueblos. Propuesta que se planteó para instalarse en el espacio de la Asamblea Nacional durante los acontecimientos de octubre, pero que al no ser posible aquello se constituyó luego de la terminación de la movilización en un recurso táctico necesario para continuar en la acción. En efecto, fue la CONAIE, el FUT y el Frente Popular, entre otras organizaciones sociales y políticas que propusieron, un nuevo modelo económico de corte reformista, keynesiano, redistribuidor, contrario al modelo y condiciones del FMI; proponiendo medidas de incremento al impuesto a la renta a los grandes grupos económicos y la oposición a la autonomía al Banco Central, como la promoción de la agricultura familiar campesina, entre otros.

Recurso táctico, entonces, que tenía por objetivo sistematizar importantes demandas de periodo del movimiento indígena y popular y exigir al gobierno su cumplimiento, sobre todo la del modelo económico. Este fue un momento decisivo que vivió el Ecuador en tanto el gobierno fraguó una maniobra para escamotear la movilización y las demandas económico-sociales del movimiento indígena. Pretensión que se dio cuando el gobierno apresuró el envió a la Asamblea de la Ley de Crecimiento Económico y el Presupuesto General del Estado. Dos instrumentos legales que expresaban la posición gubernamental de mantener y ratificar el acuerdo y condiciones impuestas por el FMI, desoyendo las exigencias de la movilización y volviendo a gobernar en una línea fondomonetarista en acuerdo con las cámaras y empresarios. Donde se puede advertir la clara intención de cerrar el círculo de la economía, su reprimarización, la privatización, el extractivismo y la hegemonía del capital bancario nacional y financiero internacional, asunto que se deja ver en la urgente propuesta legal que planteaba dotar de autonomía al Banco Central[12].

Al ser archivado el mencionado proyecto de Ley el día domingo 13 de noviembre, las principales propuestas contenidas en el proyecto legislativo quedaron postergadas, dejando trunca la pretendida reforma económica. En un artículo que circuló días después del archivo del proyecto de ley, el mismo que cito en extenso, decía:

Dos enfoques, dos tácticas, entonces, para superar la crisis de la economía se enfrentaban. Tema que estuvo presente cuando grupos de economistas del país se agruparon o en línea ortodoxa o en heterodoxa. Dos posiciones entonces, aquella dogmática, arbitraria y autoritaria que impulsaba la relación con el FMI en línea neoliberal, y aquella defendida por el Parlamento de los Pueblos que en esencia plantea un tránsito y superación de la crisis económica desde una postura reformista y distribuidora de la riqueza contraria al FMI, como dice la propuesta mencionada el que más tiene más paga proponiendo que los 270 grupos económicos más grandes del país paguen un impuesto a la renta extraordinario

¿Qué sucedió? ¿Cuáles son las determinaciones fundamentales que condujeron a este fracaso gubernamental? ¿Cuáles son las motivaciones –continúa el artículo- que llevaron al Partido Social Cristiano (PSC), ¿Revolución Ciudadana (RC), Pachakutik, una parte del BADI y del BIN a acordar el rechazo a la ley? ¿Se puede decir de carácter político electoral, o de revancha del correísmo a Moreno? O quizás- sugiero una conjetura- de límites en la unidad del bloque de poder o dominante, donde se advierten fisuras que ponen de manifiesto, en el transito que vive el país, el difícil y complejo establecimiento de una hegemonía orgánica capaz de articular a las distintas fracciones.

Tema que se advirtió en el contenido y disposiciones del proyecto de ley, donde se pudo observar el camino técnico-jurídico, económico e institucional para dar paso a la consolidación del predominio de la banca y el capital financiero internacional. Situación de crisis orgánica que, además, se corresponde con un  momento de vacío político, partidario e ideológico-cultural dominante que ha hecho posible la insurgencia significativa de la contra hegemonía de los sectores subalternos.[13]

Y remarca el mencionado artículo:

¿El Gobierno Nacional está dispuesto a abrir la discusión y concitar acuerdos con distintos sectores? O, ¿nuevamente se mantiene, unilateralmente, en los términos y condiciones del acuerdo con el FMI con quien tendrá que pactar nuevas condiciones que le permitan contar con una ley e ingresos tributarios para financiar el déficit fiscal?[14]

 

Todo hace pensar, en definitiva, que al fracasar la aprobación del mencionado proyecto de ley, la tal reforma económica acordada con el FMI quedó postergada, y que un gobierno débil e ineficaz no lo puede emprender en los próximos meses, concluyendo así con la necesidad de que sea la arena política electoral para elegir presidente y asambleístas en el 2021, la que defina  en el próximo periodo  la reforma económica anunciada, pero como ahora volverá a encontrarse con estos dos mencionados enfoques para salir de la crisis, la ortodoxa neoliberal del FMI y la heterodoxa keynesiana.

 

IV

Hay una tercera determinación, geopolítica y política en la movilización indígena. En el mes de octubre y noviembre se ha vivido en la región, principalmente en Sudamérica, un proceso de protesta, rebelión e insurgencia contrario a los acuerdos con el FMI y el neoliberalismo. Coyuntura de movilización regional, social, ciudadana y electoral como son los casos de Bolivia, Argentina o Chile; que ponen de manifiesto los límites y decadencia del FMI, así como la necesidad de formular un nuevo modelo económico y un distinto modo de articular las economías nacionales al sistema mundial, advirtiendo entonces, el debilitamiento en el continente de las posiciones de derecha proclives al neoliberalismo. En este sentido, es evidente el caso de Argentina donde el emblemático gobierno neoliberal de Macri perdió la presidencia.

Límite y decadencia de este organismo internacional que ha conducido, desde la década del 70, la política económica de buena parte del mundo, a raíz de la presidencia norteamericana de Ronald Reagan e inglesa de Margaret Thatcher, en una perspectiva claramente neoliberal en respuesta a la orientación keynesiana del estado de bienestar, neoliberalismo determinado principalmente por un nuevo patrón de acumulación de la economía capitalista, centrado en el capital financiero.

El proceso de debilitamiento del FMI en la región y otras partes del mundo, como Grecia y Portugal, responde a una situación que se vive en el planeta en relación con el nuevo momento de la globalización capitalista, el mismo que tiende a orientarse al predominio de intereses ligados a las grandes corporaciones transnacionales, en asocio con el fortalecido capital financiero mundial, desplazando a segundo plano al capital multinacional, en el contexto de la significativa y estructural presencia en el mundo globalizado de China, India y Rusia como las principales potencias que disputan una nueva situación  y hegemonía planetaria.

En esta condición objetiva es necesario resaltar algunos aspectos políticos regionales. La visita del presidente electo de Argentina a México, no bien elegido el peronista Fernández muestra una clara línea internacional para enfrentar los conflictos políticos en ciernes, como el venezolano por caso, así como la definición de los lineamientos económicos frente a la crisis. Situación que se da en medio de procesos de abierta ofensiva derechista como la sucedida en Bolivia que destituyó al presidente Morales; y de izquierda como la reacción social y ciudadana en Chile, que ha conducido al presidente Piñera y las cúpulas de los partidos políticos chilenos a concertar la reforma constitucional, para superar así con la arbitraria, autoritaria y neoliberal carta magna dejada en herencia por la dictadura de Pinochet, y aupada por la Concertación Democrática y la derecha en todo el periodo democrático chileno hasta el día de hoy. Movilización que continua hasta el presente exigiendo la salida del presidente Piñera que es lo que ciertamente definirá la condición política para la realización de la Asamblea Constituyente. En esta perspectiva de ofensiva social se vive en Colombia, así mismo, situaciones de protesta y movilización en contra de las políticas del presidente Duque, coincidiendo así con el despliegue general de la significativa convulsión social de la región.

Los grandes virajes estratégicos, esos que influyen a lo largo de décadas, se producen siempre abajo, a través de la irrupción de los sectores populares- dice Zibechi- en el escenario político, que transforman al modificar las relaciones entre clases, grupos sociales, géneros y generaciones (…) La revuelta abre una brecha entre conservadurismo y progresismo, entre derechas y pretendidas izquierdas. Uno de los lemas más coreados en las calles fue “Ni Correa ni Moreno”. Rechazaron y frenaron el paquete del FMI, la política de trasladar la deuda del Estado a los trabajadores, elevando precios e impuestos.[15]

 

En este contexto geopolítico y político, que como trasfondo incide en las jornadas de lucha del mes de octubre en Ecuador, se han enfrentado las medidas y condicionantes del FMI, el mismo que ha intentado generar un modelo económico para superar la crisis afectando principalmente a los sectores subalternos indígenas y populares

 

V.

Por otra parte, en este contexto, en la arena político electoral de los próximos meses, se despliegan en Ecuador las estrategias electorales de las distintas tendencias. Así, se encuentran las posiciones de las facciones de derecha donde se ha podido advertir, en primer lugar, la del movimiento CREO, alineado con el gobierno para la aprobación del Proyecto de Ley de urgencia económico. Ha constituido una organización principalmente con las élites intelectuales de Quito, articulando a personajes de distintas posiciones. Su orientación programática principal ratifica las propuestas de reforma económica neoliberal que quedaron truncas en el mes de noviembre en el legislativo. En su estrategia esta facción de derecha intenta articular a posiciones de centro en pos de representar a sectores medios quiteños y serranos.

La otra facción de la derecha, en segundo lugar, es el PSC, que se ha alineado en el último periodo en la oposición a Moreno, y que fue protagónico para rechazar el proyecto de Ley económico urgente, estableciendo coincidencias con el correísmo, Pachakutik y otras bancadas menores como el BIN y BADI. Mantiene una posición ideología ambigua con el propósito de representar a sectores sociales y reformistas. Asunto que se relaciona con la necesidad electoral del candidato Nebot.

La otra corriente o tendencia es el denominado “correísmo”, que disputa su presencia en la escena, como ya sucedió en las elecciones seccionales de marzo de 2019, y se apresta a tener una participación electoral en el 2021. En su interior se debate sobre una posible alianza con el PSC, o una participación en forma independiente para disputar en segunda vuelta la presidencia, y/o alcanzar un número significativo de asambleístas en el próximo periodo. Desde posiciones pragmáticas ligadas a necesidades urgentes para enfrentar la persecución judicial sufrida en el gobierno de Moreno, sectores de esta tendencia se inclinan por el acuerdo con la derecha socialcristiana. La coincidencia en la Asamblea con el PSC para acordar el archivo de la ley urgente es una manifestación de esta conducta.

La tendencia de Centro Izquierda, por otra parte, se encuentra debilitada y desconstituida. Su participación en las elecciones de marzo de 2019 mostro relativo desempeño electoral, pero perdió importantes ciudades cono o la alcaldía de Quito .Su desempeño electoral en el 2021 será limitado. Sin duda deja un vacío de representación donde sectores de esta posición podrían inclinarse por candidatos de otras corrientes que reivindiquen sus demandas y posiciones ideológicas.,

En este breve balance de las tendencias se requiere considerar la presencia electoral del movimiento indígena. En principio, se entiende que participará de forma independiente, pero se discute en su interior posibles alianzas con el correísmo o con el socialcristianismo.

De otro lado se requiere observar las condiciones de dispersión política y límites de representación partidaria que, como decíamos en el artículo a propósito de las elecciones de marzo de 2019, podrían dar lugar a la emergencia de un candidato outsider con posibilidades de triunfo. En dicha ocasión decíamos:

En las próximas elecciones [refiriéndonos al 2021] aumenta la posibilidad de la existencia de candidatos outsider, fenómeno que se vivió en las elecciones presidenciales de 2006, y  que en estas últimas  estuvieron presentes en las alcaldías de Cuenca, Quito, etc., vale decir, candidatos outsider en tanto  representan una alternativa a los partidos tradicionales del establishment político, y que se sustentan principalmente en las actitudes ciudadanas contrarias a los partidos tradicionales, la desafección democrática y la búsqueda de alternativas al viejo sistema, que estuvieron presentes como condiciones determinantes  de las elecciones en el año 2006.[16]

 

En conclusión, en la perspectiva del 2020 y de las elecciones a presidente y asambleístas en el 2021, Ecuador vivirá un ambiente de incertidumbre agravado por el tipo de conducción gubernamental, de un presidente que ha perdido autoridad, legitimidad y apoyo social y político. Gobierno débil y sin legitimidad que se apresta a poner el énfasis en la coacción antes que en el consenso. El 2020 será un año, por otro lado, de mayor dificultad económica, sobre todo fiscal, y el gobierno de Moreno echara mano al endeudamiento público externo e interno y a las privatizaciones. El movimiento social, por su parte, continuará levantando sus reivindicaciones y exigiendo a Moreno el cambio de modelo económico, esto puede llevar a nuevas movilizaciones en medio del inicio del proceso electoral, en tanto que el gobierno no ha logrado consensuar con las fuerzas movilizadas.

En esta línea de construcción de una perspectiva estratégica, por otro lado, es necesario considerar que en los últimos años se ha dado- comentamos en un artículo a comienzos de gobierno de Moreno- un conjunto de cambios moleculares, efecto de la modernización capitalista, donde se manifiestan situaciones y procesos nuevos en los sectores sociales como el movimiento indígena, los trabajadores organizados y el movimiento social, gestándose cambios en las relaciones sociales y simbólicas. En definitiva, en la mutación del sentido común de los sectores subalternos. También se observan cambios en el campo de la organización sindical de los trabajadores principalmente urbanos. Y el aparecimiento novedoso de organizaciones sociales autónomas, así como el despliegue de una respuesta político-barrial-territorial en las principales ciudades, como efectivamente fue puesto de manifiesto en la significativa movilización de octubre.[17]

 

Bibliografía

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Carvajal, Iván. (2019). En Ecuador no hay movimiento intelectual. https://4pelagatos.com/2019/09/02/en-ecuador-no-hay-movimiento-intelectual/

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Gramsci, Antonio. (2010). La política y el Estado. Buenos Aires: El Clarín.

Herrera, Stalin. (2019). El movimiento indígena y la insurrección de los zánganos. https://lalineadefuego.info/2019/10/22/el-movimiento-indigena-y-la-insurreccion-de-los-zanganos-por-stalin-herrera/

López, Fernando. (2019). Todos los descontentos y todas las rebeldías. https://lalineadefuego.info/2019/10/23/todos-los-descontentos-y-todas-las-rebeldias-por-fernando-lopez-romero/

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Muñoz, Francisco, David Echeverría, Carlos Ordóñez y Jorge Alarcón. (2018). Elecciones marzo y previsiones políticas. https://coyunturauceiie.wordpress.com/2019/05/20/elecciones-marzo-y-previsiones-politicas/

Sierra, Vladimir. (2019). Racismo de Cachetes Colorados y Pelo Castaño. https://www.planv.com.ec/ideas/ideas/racismo-cachetes-colorados-y-pelo-castano

Zibechi, Raúl. (2019)¿De qué ha servido la revuelta en Ecuador? https://ecuadortoday.media/2019/10/18/de-que-ha-servido-la-revuelta-en-ecuador

 

[1] Ampliación del artículo “Crónica de un fracaso anunciado”, disponible en: https://www.rebelion.org/noticia.php?id=262675. Artículo que contó con la colaboración de Tito Madrid

[2] Carvajal, Iván. (2019). En Ecuador no hay movimiento intelectual. https://4pelagatos.com/2019/09/02/en-ecuador-no-hay-movimiento-intelectual/

[3] Sierra, Vladimir. (2019). Racismo de Cachetes Colorados y Pelo Castaño. https://www.planv.com.ec/ideas/ideas/racismo-cachetes-colorados-y-pelo-castano

[4] Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico. (2019). Recetas del FMI: Arma de destrucción masiva, inestabilidad social, pérdida de soberanía. https://www.alainet.org/es/articulo/202658

[5] Muñoz, Francisco. (2019). La coyuntura Ecuador marzo 2019. https://coyunturauceiie.wordpress.com/2019/03/19/la-coyuntura-ecuador-marzo-2019/

[6] Muñoz, Francisco. (2019). Bolsonaro: un signo de los tiempos. https://www.planv.com.ec/historias/sociedad/bolsonaro-un-signo-tiempos

[7] Muñoz, Francisco, 24 de Mayo, Dilemas e incertidumbres, 2017/ Pág. Rebelión

[8] Campaña, Isaías. (2019). ¿Ecuador sin proyecto nacional?. https://www.alainet.org/es/articulo/202701

[9] En declaraciones públicas llamaron a aplicar el artículo constitucional de la “muerte cruzada”, llamando a adelantar la elección de presidente de la república.

[10] Herrera, Stalin. (2019). El movimiento indígena y la insurrección de los zánganos. https://lalineadefuego.info/2019/10/22/el-movimiento-indigena-y-la-insurreccion-de-los-zanganos-por-stalin-herrera/

[11] López, Fernando. (2019). Todos los descontentos y todas las rebeldías. https://lalineadefuego.info/2019/10/23/todos-los-descontentos-y-todas-las-rebeldias-por-fernando-lopez-romero/

[12] Eric Meyer, investigador del Instituto Superior de Investigación y Posgrado de la Facultad de Economía de la Universidad Central del Ecuador, realiza un importante análisis de este aspecto legal, donde revela el vínculo de la reforma a la autonomía del Banco Central para beneficio de los intereses del capital bancario y financiero transnacional.

[13] Muñoz, Francisco. (2019). Crónica de un fracaso anunciado. https://www.rebelion.org/noticia.php?id=262675

[14] Ibíd.

[15] Zibechi, Raúl. 2019. ¿De qué ha servido la revuelta en Ecuador?. https://ecuadortoday.media/2019/10/18/de-que-ha-servido-la-revuelta-en-ecuador

[16] Muñoz, Francisco, David Echeverría, Carlos Ordóñez y Jorge Alarcón. (2018). Elecciones marzo y previsiones políticas. https://coyunturauceiie.wordpress.com/2019/05/20/elecciones-marzo-y-previsiones-politicas/

[17] Francisco Muñoz. 24 de Mayo dilemas e incertidumbres. 2017. Pág. Rebelión.

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