Cinco lecciones políticas del levantamiento indígena y de otros sectores populares

Iván Fernández

 

Las crisis políticas tienen algo de positivo y es que emergen las contradicciones de clases y se puede observar con mayor claridad sus intereses y estrategias, el rol del Estado capitalista y los mecanismos de resolución de los conflictos planteados. Las siguientes notas son un intento por sistematizar las lecciones que nos dejó el último levantamiento indígena y de otros sectores populares en el Ecuador en los primeros 12 días de octubre del 2019:

  1. Un “paquetazo” sin consultas previas. Cuando se toma medidas de política económica no se lo hace en un vacío social, son políticas públicas que van a afectar al conjunto de la sociedad. En un país con altas desigualdades y diferencias sociales, esas medidas afectan de manera diferenciada a unos y a otros, por tanto, había que negociar previamente y prever compensaciones sociales para los más afectados. El Ministro de Finanzas, que viene de los empresarios, le preparo al presidente un paquete de medidas solo pensando en los compromisos con el FMI y que, al eliminar los subsidios a los combustibles, les paso la factura a los campesinos – indígenas donde se concentran los mayores niveles de pobreza, extrema pobreza y exclusión social y, desde luego, a los sectores populares urbanos. Mientras a los empresarios se les baja aranceles e impuestos y a los transportistas se les sube el costo de los pasajes y fletes. A los pobres nada. Resultado: protesta social, levantamiento indígena y huelga del FUT. Como lo expresaron los dirigentes indígenas en la mesa de dialogo al Presidente: “tienes unos Ministros vagos que no planifican y toman medidas desde el escritorio.
  2. Buscar culpables: la culpa es de Correa. La culpa es de Maduro. La culpa es de los Latín King. La culpa es de las FARC. La culpa es de Cuba. Todo esto repetían el Presidente y sus voceros. En una situación de crisis política y social provocada por el propio gobierno, por lo antes indicado, era obvio que los correístas iban a aprovechar para “pescar a rio revuelto” y tratar de tumbar al gobierno por el odio enfermizo que ahora se tienen correístas y morenistas. Incluso se puede pensar que los ataques a la Contraloría y algunos medios de comunicación fueron ejecutados por sus militantes (a pesar de que Salvador Quishpe declaro que identificaron a un militar vestido de civil que incitaba al ataque y tiraba piedras al edificio de la contraloría). Provocación o no, lo cierto es que no se puede endosar a Correa la capacidad para movilizar a los transportistas, a más de un millón de indígenas en toda la Sierra y Amazonía y a los trabajadores y a otros sectores populares, pues de ser así el gobierno ya estaría caído. En cuanto a los otros “culpables” son justificaciones ridículas de las actitudes fascistas del General Jarrín, Ministro de Defensa, de la Ministra de Gobierno María Paula Romo y del equipo de esbirros que rodean a Moreno. Hay que saber reconocer los errores propios para salir de la crisis, como al final se lo hizo parcialmente.
  3. El Estado colonial sigue presente. Si, ese Estado excluyente, jerarquizado, represivo, oligárquico, que expresa la dominación de clase, con aparatos ideológicos racistas, sigue vigente. Al otro día de las medidas anunciadas por Moreno, todas las Cámaras de la Producción se pronunciaron a favor y las justificaban (El Comercio miércoles 2 y domingo 13 de octubre de 2019), todos los editorialistas en esa semana (Abelardo Pachano, Walter Spurrier, Susana Cordero, Diego Araujo, Oscar Vela, Marco Arauz, Simón Espinosa, Fabián Corral, Miguel Rivadeneira, Vicente Albornoz, entre otros), se lanzaron en ataques racistas al movimiento indígena y promovieron la imagen de un supuesto “vandalismo y terrorismo” que practican. Un grupo de “quiteños” adoloridos por la “destrucción del centro histórico”, se rasgan las vestiduras y acusan al Alcalde Yunda de “falta de liderazgo”. ¿y los 10 indígenas y ciudadanos fallecidos por la represión? ¿y los más de 1.300 heridos? ¿y los 850 presos? Más les importa las veredas y cuatro piedras que las vidas humanas, peor aún si son indígenas. ¡Vayan a ver cómo quedan las calles de París cuando los “chalecos amarillos” salen a protestar ¡ahí nadie los acusa de salvajismo o terrorismo. Son los costos de todo enfrentamiento social con las fuerzas represivas del Estado y que se dan en todas partes del mundo.
  4. Las organizaciones que conforman la Confederación de Organizaciones Indígenas del Ecuador – CONAIE – (fundada en 1986), constituyen la fuerza social más avanzada de los sectores populares del Ecuador. Incluso superan al movimiento sindical en organización y capacidad de movilización. Se puede afirmar, sin temor a equivocarnos, que el movimiento campesino – indígena del Ecuador es la fuerza social más avanzada de América Latina o, al menos, de los países andinos, y que no es la primera vez que han demostrado capacidad de lucha. Ya lo hicieron en la década de 1960 cuando se movilizaron como Federación Ecuatoriana de Indios – FEI – por una reforma agraria democrática, en 1990 con la primera gran paralización indígena nacional, en 1999 cuando la crisis bancaria y la dolarización, y ahora, 20 años después contra el paquetazo impuesto por el FMI. Este ultimo 12 de octubre se cumplen 527 años del inicio de la conquista española y, a pesar de, esa sí, salvaje opresión, los pueblos indígenas siguen en su lucha de resistencia a la dominación. Desde luego hay algunas limitaciones; sus reivindicaciones expresan las necesidades de la diversidad étnica del Ecuador, o sea de las 14 nacionalidades y 16 pueblos indígenas. Hay una débil alianza con el pueblo afro descendiente y montubio. No se ha producido una alianza estratégica con el movimiento obrero (FUT), que se exprese en un programa de gobierno y transformaciones sociales nacionales para la construcción del Estado plurinacional. Son tareas en las que hay que avanzar para poder fortalecer un poder popular.
  5. Falta de liderazgos políticos nacionales. La crisis que desato el levantamiento indígena evidencio la pésima calidad de la clase política nacional, o mejor dicho la ausencia de una clase política con visión o liderazgo nacional y peor aún de Partidos Políticos. El Presidente de la República que, como jefe del poder Ejecutivo, tiene su asiento en Quito, capital de la república, prácticamente huyó a Guayaquil como si temiera luego salir huyendo en helicóptero del Palacio de Gobierno como sucedió con el movimiento popular que sacó a Lucio Gutiérrez del poder e 2005. En las cadenas nacionales de radio y TV aparecía con intervenciones entrecortadas buscando culpables y en la mesa de dialogo con los dirigentes indígenas no fue capaz de articular un discurso político orientador que de salida a la crisis con visión nacional. La Asamblea Nacional y su Presidente brillaron por su ausencia, ni siquiera sesionaron al otro día de las medidas y se dispersaron con “el rabo entre las piernas” durante los 12 días de la protesta social. En su oportunismo, la alcaldesa de Guayaquil, Cinthia Viteri, se declaró en contra de la eliminación del subsidio a los combustibles y no asumió su responsabilidad de fijar el nuevo precio de los pasajes esperando que lo haga el gobierno (ANT). Al otro día Jaime Nebot trato de salvar la situación convocando a una marcha por la paz, en la cual critico al gobierno por la forma de tomar las medidas y amenazando a quien se atreva a protestar en Guayaquil, “sugiriendo que los indios se queden en el páramo”. Guillermo Lasso respaldo las medidas, pero también observó que no se había considerado las necesidades de “sus hermanos indígenas”. El Alcalde Yunda desapareció y no fue capaz de orientar a los manifestantes sobre el trato a la ciudad. Ningún Partido Político se manifestó sobre la situación, confirmándose que aquí domina el caudillismo o las personas antes que los Partidos. En síntesis, ausencia de liderazgos con visión estratégica de nación.

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