El aislamiento de Venezuela, estrategia de control total de los EEUU.

Wilson Flores H.

 

Con un gran despliegue publicitario, las grandes cadenas mediáticas y la prensa oficial de todo tipo, amanecieron el 10 de enero pasado condenando enérgicamente la toma de posesión -por segunda vez- de Nicolás Maduro como presidente de la República Bolivariana de Venezuela.Este acontecimiento que sin lugar a dudas había venido siendo fraguado desde que se produjo el triunfo electoral de Maduro en las elecciones de mayo de 2018, es el resultado del nivel de confrontación al que ha llegado la lucha de clases en Venezuela.

La coyuntura política anotada dispara una sucesión de hechos de alto impacto en la economía, en la correlación de fuerzas políticas[1] y en la agudización de las condiciones generales de vida de la población venezolana. No obstante que el gobierno de Maduro intenta hacer aparecer una realidad de tranquilidad en la vida cotidiana del país, mientras que la oposición -interna y externa- se afana por mostrar una situación considerablemente convulsa.

 

Destaca en lo económico la aplicación de sanciones que afectan directamente la compra y venta de petróleo por parte de EEUU, que sumadas al embargo de los activos de CITGO[2] con el argumento de que se preservan recursos para que Maduro no los “desvíe” y que serán devueltos una vez que se haya concretado la “transición” hacia otro gobierno, configuran un escenario negativo extremo para las finanzas venezolanas[3] y profundizan la crisis económica desatada por la guerra económica (recesión e hiperinflación) declarada por las élites locales y por la injerencia extranjera desde el 2013, luego de la muerte de Hugo Chávez.

 

Para Pasqualina Curcio[4] al analizar las causas de la hiperinflación demuestra que esta es promovida por una manipulación ilegal del tipo de cambio perpetrada por los responsables de “dolartoday” que para unos es la “página web, que (…)  tiene presencia en redes sociales, publica diariamente la tasa del dólar con respecto al Bolívar en el mercado paralelo venezolano, considerado ilegal dentro del control de cambio que opera en el país”[5] mientras que para otros es el accionar de un verdadero sistema paralelo activado por mafias del mercado negro que genera “Mayor volatilidad, incertidumbre y expectativas infundadas de depreciación del Bolívar frente al Dólar de Estados Unidos”[6]

 

Como respuesta el gobierno de Maduro ha hecho acopio de medidas emergentes: estas empezaron con el plan de recuperación económica que tiene como base el uso de la criptomoneda “Petro”, el actual despliegue legal en los tribunales de EEUU para recuperar los activos de CITGO, el cobro anticipado de los embarques petroleros antes de zarpar de los puertos venezolanos, el plan de ahorro nacional que se fundamenta en la venta de “pequeños lingotes de oro”[7] a la población, aprovechando la reserva disponible, entre las más importantes.

 

El mensaje que fluye detrás de estos eventos es la continuación de una geopolítica intervencionista de vieja data que pretende el remozamiento de la Doctrina Monroe distante en forma y fondo al panamericanismo auspiciado en su momento por el mismo Simón Bolívar en el Congreso de Angostura. Más allá, está el intento de EEUU por evitar que Venezuela se convierta en “otra Cuba” y garantizar condiciones para un rígido control y abierta depredación de sus recursos estratégicos.

 

Es importante remarcar que esta coyuntura se erige como la última oportunidad que tendrían las potencias capitalistas de recuperar Venezuela, una vez que han logrado minar la imagen de la revolución bolivariana, desacreditando de manera permanente a su proyecto político y a sus líderes más connotados. Se vislumbra, por tanto, un endurecimiento mayor de las medidas coercitivas orientadas a expulsar a Maduro del poder e instalar un gobierno mucho más funcional -encarnado en el Diputado Guaidó- que curiosamente desconoce una elección en la que él mismo fue votado.

 

Todo lo dicho forma parte de un entramado global en el marco de dos hechos sustanciales: frenar la creciente importancia económica, diplomática y geopolítica de China y Rusia en América Latina y evadir los permanentes traspiés políticos de Donald Trump, cuya actuación ha provocado múltiples contradicciones con sus opositores demócratas que pretenderían someterlo a un proceso de destitución conocido como impeachment que está contemplado en la Constitución Política norteamericana.

 

En términos de tiempo, esta situación refleja todo un proceso iniciado desde que se instauró la Revolución Bolivariana en 1999, misma que se ha ido empeorando en los dos gobiernos de Maduro y constituye secuela de una “guerra económica” estimulada desde las élites internas que se han sentido perjudicadas con las políticas públicas de un proyecto que claramente se muestra a favor de las masas desposeídas. Los programas sociales, llamados “Misiones Bolivarianas”, confirman una ruta que ha estado identificada con la necesidad de redistribuir la riqueza social y una tentativa por mantener la capacidad adquisitiva del trabajador medio venezolano expresada en 35 ajustes al salario básico en los 20 años de revolución[8], acción que en términos prácticos en lugar de paliar la situación ha contribuido -sin quererlo- a incitar la hiperinflación en la economía.

 

En un contexto de conflictos llevados al extremo, la comunicación ha jugado un papel preponderante, convirtiendo a Venezuela en el epicentro de la noticia mundial donde han comparecido desde reportajes que muestran en forma más o menos objetiva la situación que se vive, hasta el despliegue de una posverdad, que repite las mentiras de siempre hipertrofiadas por el poder de los medios de comunicación, tornando muy compleja la distinción entre lo cierto y lo incierto, tanto que la deliberada distorsión que se hace de la realidad se ha convertido en un ámbito propicio para eludir responsabilidades de la multiplicidad de actores en juego. Los grandes medios de comunicación y sus portavoces criollos, repiten sin cesar la existencia de una catástrofe humanitaria sin precedentes por la alta migración que se ha registrado en los últimos años y muestra un país sumido en el caos por culpa de la implementación de un modelo, a decir de ellos, fracasado. Tal operativo, que difiere mucho de un ejercicio solidario con los afectados, es la evidencia de la manipulación política concertada para aislar política, diplomática y militarmente al gobierno de Maduro y propiciar un levantamiento que podría desencadenar una cruenta guerra civil. Los acuerdos entre Iván Duque y Mike Pence[9], en esta línea, plasman las posturas más radicales que apuestan no solo por continuar promoviendo el desabastecimiento de productos alimenticios y medicamentos diversos, sino que desembozadamente alegan una salida militar que iniciaría con enfrentamientos en las fronteras de Venezuela con Colombia y Brasil.

 

La relación de fuerzas está signada por la existencia de “dos gobiernos” uno elegido y otro autoproclamado, que miden sus fuerzas acaparando sus fortalezas internas y el apoyo de aliados internacionales con intereses estratégicos específicos en esta suerte de poder dual que configura un nuevo episodio de la otrora Guerra Fría. En América Latina, México y Uruguay lideran una iniciativa para superar el conflicto, exhortando el respeto al principio de autodeterminación de los pueblos, la negociación democrática que evite un golpe de Estado y el impedimento a una abierta intervención militar de EEUU. En este mismo foro representantes de una dividida Unión Europea reclaman la convocatoria inmediata a nuevas elecciones generales; por su parte, el Grupo de Lima desconoce al gobierno de Maduro, reconoce a Guaidó y prepara una ofensiva de ruptura de relaciones diplomáticas acogiendo una propuesta hecha por el gobierno de Perú.

 

En suma, el aprovechamiento de la “última oportunidad” que tiene EEUU y sus aliados de recuperar Venezuela está en marcha; sin embargo, las discrepancias de procedimientos, las agendas ocultas y la contraofensiva del gobierno de Maduro, además de propiciar un escenario altamente complejo, podrían alargar el canto de victoria tan anhelado por el Imperio.

 

 

[1] El 23 de enero Juan Guaidó -presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela- se juramenta como “presidente encargado” del país.

[2] filial de PDVSA en EEUU

[3] Según BBC MUNDO el 41% de las exportaciones petrolíferas de Venezuela tienen a EE UU como destino

[4] Profesora Asociada de la Universidad Simón Bolívar de Venezuela

[5] https://www.bbc.com/mundo/noticias/2016/

[6] https://www.telesurtv.net/news/2016

[7] https://www.hispantv.com/noticias/venezuela/

[8] https://www.telesurtv.net/

[9] Ambos dirigentes habrían pactado un alianza estratégica” bilateral “en el combate al narcotráfico reiterando la necesidad de presionar al régimen de Maduro para afrontar “el trágico colapso que se viene de la democracia en Venezuela”

 

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