Mirarse en el espejo argentino.

Bayardo Tobar

Argentina, ejemplo del cambio de modelo económico en América Latina. Del estatismo al mercado, el gobierno de Mauricio Macri es víctima de sus propias políticas. El rol destructivo de las medidas neoliberales de ajuste, desregulación y liberalización pasan factura a aquel país.

Para “desmontar el estado populista” heredado del gobierno anterior, el presidente Mauricio Macri aplicó un programa de ajuste gradual de la economía  que consistió en: i) aumentar el precio del gas en 1.083%; ii) la tarifa del metro en un 46,6%; iii) las tarifas eléctricas un 1.615% y el agua un 550%.  En tan solo dos años y medio despidió a más de 30.000 empleados públicos, implantó la flexibilización laboral, eliminó impuestos y liberó todos los controles y regulaciones para atraer inversión. Además pagó 9.000 millones de dólares a los llamados fondos buitre para cerrar el litigio por la cesación de pagos de la deuda externa declarada en 2001, todo ello, para “recuperar la confianza” de los inversionistas nacionales y extranjeros, para que el sector privado retorne a ser “el motor de la economía”.

En efecto, los dólares comenzaron a fluir: en dos años y medio el presidente Macri contrató  deuda por más de 50.000 millones de dólares que, a pesar de las profundas medidas de ajuste citadas al principio, no alcanzaron para blindar al peso argentino de los shocks externos; los “inversionistas” se volvieron “desconfiados” y no solo cerraron el crédito sino que comenzaron a comprar y fugar los dólares de Argentina, ahondando la devaluación del peso y disparando la inflación.

Abatido y demacrado, el presidente Macri, luego de perder 8.000 millones de dólares de la reserva y haber elevado la tasa de interés del 28% al 40%, la promesa de reactivar el crecimiento y empleo no llegó. Eso lo obligó a solicitar un préstamo de 30.000 millones de dólares al FMI que, en lugar de traer tranquilidad, ha incrementado el pánico: FMI en argentina significa desastre económico y pobreza (remembranza del corralito).

Reservando las proporciones, Ecuador al igual que Argentina, registra desequilibrios en los sectores externo y fiscal. Los que se han solventado hasta ahora con endeudamiento externo. La situación de Argentina y la designación del nuevo ministro de finanzas obligan a los ecuatorianos a permanecer atentos y tomar nota de las siguientes medidas que, en lugar de resolver la crisis, la agravan:

 

  1. A los prestamistas internacionales, más que el nivel de la deuda externa les preocupa la capacidad de pago del país. Cuando perciben que esta es baja, inmediatamente cortan los créditos y emprenden la retirada.
  2. Eliminar las regulaciones a la entrada y salida de capitales, antes que promover la inversión productiva favorece la fuga masiva de capitales.
  3. El incremento de los precios de los servicios públicos (supresión de subsidios) y el despido de empleados incrementa el desempleo, disminuye la demanda y como consecuencia de ello baja la actividad productiva, se reduce la recaudación de impuestos y, por tanto, en lugar de resolver se agrava el déficit fiscal. A su vez, esto presiona el mercado laboral hacia la disminución de los salarios.
  4. La visión unilateral de resolver el déficit fiscal, en lugar de sostener el gasto social; controlar la corrupción en los contratos y compras públicas, sin tratar temas de evasión y elusión tributaria, lo que se complementa con la disminución de los impuestos directos y al capital. Así como a la condonación de intereses y multas a los grandes grupos económicos.  Elevándolos de actores en mora a actores en negociación. Con ello se agrava el déficit, se favorece el incremento de las ganancias, se fomenta la fuga de capitales y no necesariamente implica un aumento de la inversión productiva y el empleo.

La prueba de fuego de nuevo ministro de finanzas pasa, no por la aplicación de las medidas del Presidente Macri que conducen la economía al precipicio, sino en promover y alcanzar el “reperfilamiento” de la deuda externa (signifique lo que signifique “reperfilamiento”) y controlar lo que hoy por hoy constituye el mayor factor de desequilibrio del sector externo y fiscal: el pago de intereses de la deuda externa. Y, desde luego, conseguir que los empresarios paguen los 4.000 millones de dólares que deben al SRI y los mantienen judicializados a la espera de que se les condonen, que de aprobarse constituiría un pésimo precedente para los empresarios y ciudadanos que si pagan impuestos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s