El mercado laboral en Quito y la percepción de la problemática por los quiteños.

Pedro Páez Pérez

Aunque el ministro de trabajo asegura en declaraciones recientes que se han creado 243.000 nuevos empleos; en las redes sociales —citando fuentes oficiales— se asegura que solo 17.000 nuevos ingresos al iess sugerirían que la mayoría de esas nuevas fuentes de trabajo serían «informales» y, por tanto, de difícil atribución a una política de Estado. Más allá de la polémica puntual, es necesario atender a la dinámica estructural del mercado de trabajo y con mayor razón cuando se pretende una reforma laboral de enorme trascendencia en tanto iría a contramano de las tendencias de los últimos años. Esta nota pretende llamar la atención respecto de la evidencia de ciertas tendencias, en particular en la capital, y a la necesidad de explorar nuevos enfoques que permitan entender las estrategias de sobrevivencia de la economía popular frente a la sistémica hostilidad del capitalismo de subdesarrollo.

Figura 1: Percepción de problemas en la población quiteña, por estrato socioeconómico

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Fuente: Encuesta iiepuce-ciees (Quito, marzo de 2018).

Una reciente encuesta[1] en la ciudad de Quito muestra ciertos elementos relevantes, adicionales a los que se han venido investigando en las encuestas de empleo regulares hechas por el Instituto Nacional de Estadística y Censos —Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo, que con distintas frecuencias se viene realizando desde 1987—.

Concentrándonos en el problema laboral, se muestra una importante diferencia en la percepción de género, un 18,6% de las mujeres y solo un 6% de los hombres consideran el desempleo como principal problema de su familia. Un 46,7% de los encuestados considera que desempleo y economía son los principales problemas ecuatorianos —aun si 26,7% se pronuncia por corrupción y políticos— y 69,2% piensa que la situación del país es mala o muy mala —pero solo en el 56% en el caso de la ciudad— y el 82,5% que está igual o peor que el año pasado. Como se aprecia en la Figura 1, mientras para los estratos de ingresos más altos, la mala administración (23,8%), la corrupción (14,3%) y el tráfico (14,3%) encabezan sus preocupaciones —dejando al desempleo en un lejano 4,8%—; para los estratos de ingresos menores, la economía y la desocupación crecen en atención, llegando al 14,1% y 18,5% en el de los medios y más bajos.

Aparte de otros temas políticos que afectan directa o indirectamente sus condiciones de vida —mala administración, basura, contaminación, delincuencia, etc., entre otros tópicos que no trataremos aquí—, entre las preocupaciones mayores de los sectores populares empieza a aparecer significativamente la migración venezolana, que figura más específicamente en la percepción de los desempleados (10,9%) y jóvenes (empleados o no) de 16 y 17 años (15,8%) y muchos la consideran como responsable del desempleo. Esto sugeriría posibles brotes xenófobos ante las decrecientes probabilidades —91,7% percibe que es la situación económica ha impactado la dinámica del empleo— de encontrar empleos adecuados y la incertidumbre respecto a los futuros ingresos —mientras el 75% de los cuentapropistas considera nada probable que pierdan su empleo en los próximos meses, solo el 42% de los empleados privados y el 33% de los públicos lo hace—.

A nivel nacional, el indicador comparable de desempleo que registra el inec —abierto y oculto— es del 4,4%, similar al indicador de un año antes, marzo de 2017, por encima del 3,8% de fines de 2014, que ha sido el mejor registro en más de una década, pero un poco mejor al último trimestre de año anterior (4,6%). En cambio, el desempleo urbano total se ubicó en el 5,7% este marzo, nivel algo mayor al del año pasado, pero con una tendencia a la baja desde marzo de 2016. Específicamente, para la ciudad de Quito, el inec presenta niveles bastante superiores a los promedios nacional y urbano; para este marzo, un desempleo del 7,1%, presenta también una evolución favorable, sin embargo, coincidente en líneas generales de las otras agregaciones, en un indicador que venía deteriorándose al menos desde mediados del 2016.

Esta evolución, más allá de la coyuntura, revela una serie de condiciones estructurales del capitalismo del subdesarrollo en Ecuador, en particular, el comportamiento del mercado laboral en el marco del régimen de acumulación de financiarización globalizada. Ya la cepal viene caracterizando desde hace décadas la «insuficiencia dinámica del capital» en su debate con otras corrientes —desarrollistas y marxistas, respectivamente— respecto a la especificidad del comportamiento económico de la periferia respecto al centro.

Cabe destacar que el grueso de esas controversias se dio cuando en los países industrializados aún estaba vigente el régimen de acumulación fordista-keynesiano, con desempeños endógenos más coherentes entre producción, inversión, rentabilidad y empleo, que los que surgen con el neoliberalismo, la deslocalización productiva y la hipertrofia parasitaria de la especulación. Bajo el nuevo régimen de regulación, si la economía de un país del «no» se beneficia de la relocalización de ciertos eslabones dinámicos de las cadenas sociales de valor —como es el caso del Ecuador—, el desacople entre las tendencias del mercado laboral y las de la inversión y el ingreso es aún mayor.

Más aún, fruto de la desindustrialización, el frenesí en la división de los procesos productivos en las cadenas sociales de valor y el debilitamiento de la densidad sindical, a pesar de los históricos esfuerzos realizados en la última década por mejorar, por vía administrativa, las condiciones laborales, los efectos kaleckianos —paradojas de la austeridad y de los costos— resultaron relativamente magros e inconsistentes.

No obstante que el producto interno bruto más que se duplicó —medido en dólares corrientes en la última década—, la dinámica en la creación de empleos adecuados dejó mucho que desear, corroborando la llamada insuficiencia dinámica del capital en el plano teórico y la necesidad de diversificar las estrategias de sobrevivencia sobre condiciones inciertas y de medios de producción precarios, con sistemática destrucción del talento humano, ya en el plano práctico en los sectores populares y la economía familiar.

Es necesario explorar nuevos aspectos de la realidad laboral en esa perspectiva. La inestabilidad es lo que caracteriza la situación de los estratos populares: solo el 14,8% de los preguntados por la encuesta iiepuce-ciees en este segmento ha estado en su ocupación por más de 6 años, mientras que los de estratos medios llegan al 24,4% y los de medios altos al 28,6%. Preguntados si ejercen el oficio para el que se prepararon, se corrobora la hipótesis, pues los porcentajes son 14,8, 36,5 y 61,9, respectivamente. Paralelamente, solo el 22,2% de los estratos populares tienen certificaciones acorde a su ocupación, contra el 37,5 y el 57,1% de los segmentos de superiores ingresos, respectivamente —en total, con una breve brecha de género: 56,4% de los hombres, pero solo 23,6% de las mujeres—.

Por su parte, la tasa de subempleo nacional, tal como está definida en la encuesta del INEC —por insuficiencia de tiempo, de trabajo y por insuficiencia de ingresos— llegó al 18,3% en marzo del 2018, por debajo del pico de más de una década del 21,4% de marzo pasado, en el que en contraparte se tuvo una sima del indicador de empleo adecuado del 38,5%, variable que registra desde entonces una leve mejora hasta el 41,1% en marzo del 2018. Circunscritos al ámbito urbano, el indicador de subempleo mejora en el último año del 20,9% al 17,3% teniendo como contraparte una mejora también de la tasa de empleo adecuado del 47,3% al 50,1%, en igual período. Más específicamente, la tasa de subempleo que el inec registra para Quito llega al 11,3%, tras una mejora con fluctuaciones durante el último año. La contraparte en la tasa de empleo adecuado también refleja una composición estructuralmente distinta respecto a las agregaciones nacional, total y urbana: llega este marzo al 60,2% con una mejora desde el 57,7% en el último año. Estas definiciones, sin embargo, recogen solo ciertos aspectos de la realidad social-laboral del país.

De acuerdo a la encuesta iiepuce-ciees, aun si solo entre el 14 y el 17% está inconforme o muy inconforme con su trabajo actual, el 41% de los cuentapropistas, el 47% de los trabajadores privados y el 25% de los públicos consideran que su ingreso no compensa la actividad que realiza, evidenciando la resignación a que obliga una dinámica de generación de empleos laxa. Preguntados si con ese nivel de ingresos sus familias viven bien o no, contesta afirmativamente el 52% de cuentapropistas y el 41% de empleados, tanto públicos como privados. La tabla 1 muestra que la realidad de trabajo diario por encima de las 8 horas no se compadece ni con las hipótesis neoclásicas, ni con modelos simplistas de subempleo o trabajo adecuado.

Se evidencian también, por otro lado, síntomas de obsolescencia en el talento humano debido al cambio tecnológico: del 41,5% de los encuestados entre 31 y 41 años que considera que su experiencia ha sido muy buena para su desempeño en el trabajo actual, cae dramáticamente a solo el 27,1% en el segmento de 42 a 52 años.

Tabla 1: Horas diarias de trabajo por distintas categoría

pedropáez

 

Fuente: Encuesta IIEPUCE-CIEES (Quito, marzo de 2018).

[1] Encuesta levantada en marzo de 2018 solo en Quito, realizada por el Instituto de Investigaciones Económicas de la puce con el Centro de Investigaciones y Estudios Especiales (ciees), con la participación activa de los estudiantes de Economía. Una característica peculiar de esta investigación es que en ésta, a diferencia de otras de su ramo, las temáticas, los indicadores, las preguntas, el diseño de la boleta, la toma de la información, el procesamiento y el análisis de los resultados lo realizaron estudiantes de Economía en discusión con profesores e investigadores de la puce y otras universidades, conjuntamente con técnicos del ciees.

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